Diario vacacional pandémico. Uno.

La única foto “vacacional” publicable aquí que he hecho hoy.

Nunca había estado de vacaciones en un hotel con dos hijos. Con los míos. Nunca con pulsera. Nunca con pulsera de esas de comerte un taco y tomarte un gintonic por la cara a las seis de la tarde. Nunca había salido de vacaciones en el contexto de una pandemia mundial.

Tengo wifi, alcohol y una terraza. La familia duerme derrengada. Echo de menos el tabaco. Me apetece hacer una especie de relato diario de estas peculiares vacaciones.

Un niño se ha pasado tosiendo todo el viaje en autobús del aeropuerto al hotel. Un niño sin mascarilla dada su corta edad. Tos perruna e insistente. La tensión se mascaba en el ambiente.

No recordaba el concepto bufé. Me genera ansiedad. Y gula. Me encanta que algo tan poco glamuroso provoque que la gente se arregle mogollón. Al menos, para la hora de la cena. Parece un convite de gala cuando, en el fondo, es más bien todo lo contrario. Me encanta.

Mi primogénito está a tope. Quiere hacer y disfrutar todo. TODO. TO-DO. Un aldraguero en la ribera navarra. Un “todos los pitos quiere tocar” que diría mi madre. Me encanta que sea así aunque agote. Digno hijo de su padre

Me siento a escribir esto y me digo que no debería. Que el rollo es no hacer nada. La obligación de no hacer nada. Una especie de oxímoron. Si también he de vivir la inactividad como un deber estamos jodidos.

Mañana vuelvo, según las notas de voz que vaya grabando para esta especie de diario vacacional pandémico entre chombo en la piscina, paseo playero, all you can eat y cerveza vía pulsera.

LA FIEBRE. Ejército de Salvación y Ejército de Esqueletos. ¿En cuál te alistas tú?

Ilustración del Ejército de Esqueletos

Hacía mucho que no escribía bajo la etiqueta LA FIEBRE. No quiere decir, desgraciadamente, que ya no exista. Sí, quizá, que ha bajado un poco la temperatura. Por pura persistencia. Por hartazgo, aburrimiento, repetición.

La última vez que escribí sobre ella fue el 29 de diciembre, justo cuando se habían inoculado las primeras vacunas en España. A Araceli y a Mónica. Desde entonces, un importante porcentaje de la población ya está con el antídoto (me llama la atención el empleo de ese término) y nos hemos familiarizado con los nombres de las casas farmacéuticas que han fabricado diferentes compuestos contra el virus del COVID19.

Entre tanto, pasamos una ola bastante fuerte tras las navidades, con hospitales desbordados, enfermos, víctimas y restricciones asociadas con el fin de contener esos efectos. Algo súper integrado ya en nuestra cotidianidad coetánea pese a lo extraordinario de la situación. Afortunadamente y, según los expertos o los catalogados como tal, la situación parece que va mejorando, gracias, fundamentalmente, a la inmunidad que poco a poco se va alcanzando vía pinchazos. Al menos, aquí en España. En otros lugares del mundo aún se ven escenas complicadas.

En estos meses, podía haber hablado de todo esto, haber celebrado el primer aniversario de toda esta historia o haber comentado el hartazgo o el cansancio o el agobio ante la ausencia de vida social o, mejor dicho, la contradicción entre la necesidad de vida social y el respeto que el bicho sigue ejerciendo para alguien como yo, de tendencia hipocondríaca.

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LA FIEBRE. Vacunas.

Vaya llorera me pegué el domingo viendo los telediarios. No tanto por las vacunas – que también – sino porque los viejillos y viejillas siempre me despiertan mucha ternura, me emocionan; incluso, desde un punto de vista negativo, me generan un sentimiento paternalista que, bueno, no sé, creo que no funcionaría si tuviese que desempeñarme profesionalmente con este colectivo de personas. O sí, no sé.

Bueno, como he dicho, la llegada de la vacuna Pfizer a España y al resto de Europa y a otros sitios (otro día hablamos de lo que tardará en llegar lugares más desfavorecidos, una injusticia más) también contribuyó a mi mar de lágrimas. Pocos minutos después de ver en directo cómo se administraban las dos primeras dosis, escribí esto:

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LA FIEBRE: Educación Social y Pandemia

Seré breve. He vuelto a escribir en educablog.es tras casi un año sin hacerlo. Y con todo lo que ha pasado en medio pues me ha dado por ser super original y escribir sobre la pandemia de COVDI19, sobre LA FIEBRE, en relación a la Educación Social.

Así pues, si os apetece leerlo, dadle aquí. Si creéis que me he dejado otros aspectos de importancia o si creéis que me he dejado algo, por favor, hacédmelo saber. Gracias.