Cienfiebres Musicales #9: Bares, ¡qué lugares!


Instigado por el extraordinario retrato que Holden Fiasco realizó hace unas semanas a El Tubo en su blog y partiendo de la máxima expresada por David Andrés, aka Kalbo, de que los bares son esenciales, el noveno episodio de Cienfiebres Musicales va dedicado a los garitos, máxime en un momento en el que, a consecuencia de la maldita pandemia, están en el punto de mira.

Eso sí, mi pequeño homenaje, aunque se haga extensible a todos los bares en general, está dirigido a cuatro establecimientos que, en mayor o menor medida, me han influido en mi biografía personal y musical; cuatro garitos de mi pueblo, Barakaldo, que han sido importantes para un montón de gente: Aterpe, Alaska, Tubo y Panorama.

¡Fuerza y ánimo! ¡Va por ustedes!

Suenan:

LA HABITACIÓN ROJA: Crónico // GEORGIE FAME: Somebody stole my thunder // OASIS: Married with children // PARÁLISIS PERMANENTE: Héroes // GABINETE CALIGARI: Tócala Uli // LOS ENEMIGOS: La cuenta atrás (2020) // PET SHOP BOYS: Happy people // BAND À PART: Templos y neones // JUAN MURO: Teu sapato // LOS JAMBOS: Noche de diez

Gabinete Caligari: “Camino Soria”. Mi Banda Sonora.

“Son muy buenos. Empieza por G”. Una especie de cuestionario, de juego de concurso de preguntas y respuestas que yo le hacía a mi hermano mayor cuando yo rondaría la tierna edad de 9 años. Una contestación sencilla habida cuenta de que él, José, había inducido, sin pretenderlo, durante semanas, la propia respuesta: Gabinete Caligari.

El, por aquel entonces, nuevo disco de Jaime (de) Urrutia y compañía había sonado sin parar en el vetusto radio-cassette de casa. Y las loas y parabienes a ese “Camino Soria” eran el acompañamiento habitual a cada escucha. Y yo, influenciado por las opiniones de mis hermanos, secundaba. Me adhería a los halagos mientras imitaba a Urrutia, air-guitar incluída, usando el picaporte de la puerta de la sala como remedo del micrófono. Aprendiendo las canciones del mencionado álbum.

“Camino Soria” quedó relegado en mi adolescencia al marasmo. Quizá, al principio, lo escuchaba como podía escuchar el “Tren de largo recorrido” de La Unión, esto es, en la intimidad del hogar y sin admitir públicamente o entre mi círculo de amistades que lo hacía. No podía reconocer que me gustaba algo que le gustaba a mis hermanos. Aún más, con el pistoletazo de salida a mi melomanía, derivado por el advenimiento de aquello que fue el brit-pop, no podía abrazar un disco cantado en castellano, con bastantes guiños que yo entendía como folclóricos o con unos miembros, los de Gabinete, con un look que se alejaba muy mucho al de mis, por entonces, nuevos héroes.

A pesar de todo, “Camino Soria” me seguía pareciendo un discazo absoluto y ese sentimiento, esa certeza, me llevó a comprármelo en un momento en el que compraba cosas muy alejadas de ello. Ahí ya contaba con más años y empezaba a admitir, tímidamente, lo que me gustaba ese disco. Mi sorpresa fue cuando, en un determinado momento, empecé a conocer y coincidir con respetadas voces de mi entorno musical que también se jactaban de admirar a los Caligari.

Ahí, ya sí, eliminé el ‘guilty’ y me quedé exclusivamente con el ‘pleasure’. Pero, a pesar de ello, parecía que para ser verdaderamente pata negra, debía uno referirse a la época más oscura del conjunto madrileño, a sus trabajos previos en escuderías independientes, a su sonido más oscuro, más new wave. “Camino Soria”, en definitiva, seguía pareciendo, en determinados círculos y en cierta forma, menor por el hecho de que se editó en una major y porque triunfó comercialmente. O, al menos, eso me pareció percibir a mí.

Y sí, por ejemplo, ese “Cuatro rosas” previo es una jodida maravilla pero, no sé, creo que sigue lejos de “Camino Soria”. Y lo digo no sólo porque, en cierta forma, este trabajo haya formado parte de mi banda sonora personal y biográfica sino porque desde el tema que lo abre, los “Pecados más dulces que un zapato de raso” hasta la homónima canción que lo cierra, “Camino Soria”, todas y cada de las nueve son auténticas joyas, con magníficas historias detrás, perfectamente conjuntadas y musicadas. Una colección de canciones que hacen que para mí, el exitoso “Camino Soria” pueda/deba ser incluído en un top ten de los mejores discos españoles de la historia. En el mío, evidentemente.

Y sí, esto es Cienfiebres. Y ayer, 14 de febrero, salió a la venta “Camino Soria”, el libro, editado por Contra y escrito por el que fuera batería de la banda, Edi Clavo, ya presente en mi estantería. Hagan, por tanto, la cuenta para comprender lo escrito hasta aquí. De hecho, se me podría tachar de oportunista o facilón al sumarme hoy a una ola que se compone de muchas opiniones positivas de fans irredentos, advenedizos varios o personalidades volubles, como la mía. Es más, releyendo lo plasmado antes de darle a publicar, no creo salir bien parado en esta especie de confesión en la que me puedo llegar a presentar como una veleta que se ha movido según como soplase el viento, demasiado pendiente de las opiniones de los demás, siempre, quiero pensar, dentro de unas edades en las que esto puede llegar a ser lo más normal del mundo entre la mayoría de la gente. De hecho, mentiría si dijese que con este álbum ha sido la única vez en la que he bandeado. Qué va. Puede haber – hay – más vaivenes así.

Lo que sí digo, aquí y ahora, ya para acabar y como testimonio de ello queda este escrito que quedará perdido en la ingente e inabarcable red de redes, lo que sí sentencio, decía, es: no volveré a renegar de “Camino Soria”, por más que (no lo descarten) surjan voces en el futuro que lo vilipendien a raíz del libro de Clavo y la promoción del mismo, amén de la próxima reedición de lujo que va a salir, voces que buscan la distinción y que, en pos de ella, son igual de volubles que el abajo firmante. “Camino Soria” es un clásico atemporal e histórico, digan lo que digan.

Gracias, José.

11 de agosto. Mi Banda Sonora.

Entre ponte aquí y estáte quieto y una importante sensación de pereza, no he actualizado mi pseudodiario musical, no he mantenido Mi Banda Sonora. Hoy lo hago por no descuidarlo y para que mi audiencia no se preocupe al respecto pero he de decir que, también ahora, me causa cierto sopor ponerme a ello, no lo negaré, pero, a pesar de ello, tiraré de memoria para recordar algunas cosas que he escuchado en estos últimos días.

Así, volviendo al pasado jueves 6 de agosto por la mañana, escuché en casa el “Parklife” de Blur. ¿La razón? Poner algo, ejem, bailable a Nicolás. El monitor de la piscina de Azagra (ya les contaré si surge), encargado de dar cursos de Zoomba a las señoras mientras refrescaban sus ajados cuerpos, se mostró muy vehemente a la hora de recomendarme que tenía que poner a mi hijo esa música del diablo para que bailara al ver la capacidad danzarina de mi cachorro cada vez que cualquier tipo de sonido emerge de un altavoz. Por ello y quizá influenciado por dichas orientaciones, revisé parte de mi discoteca para finalmente decantarme por el tercer álbum de los británicos. ¿Bailable? No lo sé pero él lo hizo, claro, pero como si le pongo, qué sé yo, a un lobo aullando con una cierta cadencia.

A la tarde, Carlos me invitó a formar parte de unos grupos de intercambio y venta discográfica en Facebook: Blackmanía (sobre música negra) e Iberipop (dedicado a los vinilos de pop español). Diferentes publicaciones en ambos espacios me llevaron a escuchar esa tarde en Spotify “I love the way you love” de Betty Wright y el recopilatorio de Gabinete Caligari “Sombras negras”.

El viernes seguí un poco en la misma línea y al ponerse a la venta en Blackmanía el “Zoot” de Zoot Money’s Big Roll Band le eché un vistazo a través de la anteriormente mencionada plataforma de música en streaming. Fantástico ese álbum en directo. Creo que me tengo que hacer con él. Esa tarde también escuché el capítulo que en El Sótano de Radio 3 dedicaron a los Small Faces. Magnífico programa. Después, le di una primera escucha (y creo que última) al nuevo trabajo de Tame Impala, “Currents”. Insultantemente pretencioso.

Sábado. El sábado a la mañana pusimos un LP recopilatorio de Slim Harpo. Dicha audición dio como fruto un magnífico vídeo de Nicolás bailando maravillosamente bien la música salida de este “The best of Slim Harpo”. Es tan bueno el vídeo que lo he compartido de forma privada con muchos familiares y amigos y muy tentado he estado de hacerlo más público a través de las redes sociales e incluso hasta de subirlo a Youtube pero, afortundamente, he controlado la pulsión. Por lo demás, se acabó quedando una mañana muy modernista y después de Harpo, pinchamos el “Oh Baby!” de Big John Patton.

El fin de semana lo acabamos en Castro y en el coche el protagonismo musical se lo llevó, fundamentalmente, el primer disco de los Stone Roses. Ayer lunes, por ir acabando ya, descubrí que Vetiver habían editado un nuevo disco este 2015, titulado “Complete strangers” el cual, en una no excesivamente atenta primera escucha, no me dijo mucho.

Por lo demás, tanto ayer como hoy, mucha radio y muchas listas de reproducción en Spotify sin que de nada de ello extraiga nada especialmente reseñable.

Y sí, para ponerme a escribir esta sarta de contenidos intrascendentes con una gran galvana, me ha quedado un ladrillo bastante ganso, la verdad, pero es lo que tiene tratar de contaros mi banda sonora de los días 6, 7, 8, 9, 10 y 11 de agosto de 2015. Mi más sincera enhorabuena si has llegado hasta aquí.

PD: la canción que acompaña el post es “Tip on in” de Slim Harpo y sí, es la canción que tan fantásticamente bien baila mi niño. Y no, no insistáis, no voy a subir el vídeo a Youtube.

13 de julio. Mi Banda Sonora.

Hacía mucho que no me corría una juerga. Una juerga con mis amigos de siempre. En Barakaldo. Una juerga que se desarrolla casi en su totalidad en el mismo bar. El glorioso Panorama (algún día he de dedicarle un texto en exclusiva). Bar al que entras de noche y sales de día. El sábado tuvo lugar la susodicha y hoy aún queda resaca física y también musical. Emocional, incluso.

Así, dado que ayer uno no tenía cuerpo ni para poner un disco, esta mañana hemos ido resarciéndonos. Por ejemplo, con el “Persecución” de los Pistones. Javi, pincha discos oficial de la noche que, amablemente, atendió la práctica totalidad de las peticiones que le hicimos, puso, en un momento determinado, el “Pistolero”, hit más conocido de la mencionada banda, canción que originó que Rober y yo entablásemos una tertulia beoda al respecto de este disco. Discazo que, además, adquirí hace apenas unas semanas en Cáceres y que, efectivamente, es magnífico.

Gabinete Caligari también protagonizó buena parte de la banda sonora de la noche en el Panorama. También tertulias con Sergio, aunque recuerdo más una con él respecto a macrofestivales de precios desorbitados y otra sobre Mikel Erentxun y Duncan Dhu. Gabinete Caligari, decía. Es por ello que, al llegar al curro, me haya puesto, a través de Spotify, “Cuatro rosas y que Dios reparta suerte”.

También derivado del sábado pero ya no por la farra, me he puesto a Vintage Trouble, banda que actuó dicho día en el Bilbao BBK Live y sobre la que recibí un par de mensajes que me arengaban a verla. Sus remitentes no sabían que este año no he subido a Kobeta. Ante ello, pues sí, me he puesto al enérgico combo que, sin duda, serán abrasivos en directo pero que en disco – al menos su álbum “The bomb shelter sessions” – tampoco me ha cautivado tanto.

Por último, los Granadians del Espacio Exterior. Tienen nuevo disco, “La onda cósmica”, y aunque el rollo jamaicano rocksteady que practican habitualmente me cansa, este álbum me ha parecido muy llevadero, muy fresco y muy gustoso. Sin duda, no será la última vez que lo escuche este verano.

Y esta, camaradas, ha sido mi resacosa banda sonora del 13 de julio, lunes, de 2015.