Fiebre Podcaster

Me da la sensación que siempre llego tarde a este tipo de cosas. Eso pensaba el otro día al leer al responsable de uno de mis podcast musicales de cabecera, Popcasting, diciendo que acababa de cumplir quince años online. Quince años y yo, ahora, en mayo de 2020, estoy con una temperatura altísima con este asunto de la radio por internet.

También os diré que, por otra parte, más allá de que este medio de los podcast lleve mucho tiempo entre nosotros y que esté muy extendido, creo detectar que vive un momento de eclosión. Quizá es una especie de sesgo cognitivo inducido por la fiebre podcaster que padezco y los veo por todas partes; pero, no sé, por ejemplo, ver un reciente spot de una conocida entidad bancaria promocionándose mediante este formato me llevó a pensar en dicho auge.

Pues eso, que estoy en plena fiebre. Y como buen Cienfiebres puede que el calentón baje y se quede en agua de borrajas o que no. Pero, de hecho, miren, para qué andarnos con ambages: en breve tendrán noticias en este mismo espacio. Es una fiebre fuerte, propia de una época de pandemias, no remite y empezará a ofrecer sus síntomas más pronto – espero – que tarde. Que luego eso se mantenga o no en el tiempo también obedecerá a los vaivenes y calenturas propias de este que firma.

Dicho lo cual, permanezcan a la espera y sintonizadas. Yo dejo dos pistas (y no de audio): trataremos de sustituir el “blog” de la sección “Cienfiebres Blogcast” por “Pod”; y apúntense a mirar EN LONTANANZA.

Fiebre Literaria: ‘Verdes Valles, Colinas Rojas’ de Ramiro Pinilla

tierra_convulsa

“En la meta última de la humanidad, a los hombres, posiblemente nos llamen por números”.

“El pueblo se esponjó de orgullo, como si la antigüedad muerta fuese un mérito personal de los vivos”.

“Nos enorgullecemos de nuestros defectos tanto como de nuestras virtudes, y esto es lo peor que le puede ocurrir a un pueblo”.

“Los curas creen que por ser curas no tienen que sudar”.

“Lo mejor de la libertad es que también nos permite ser libres sólo sintiéndonos libres”.

“Es un proceso similar al de la invención de Dios – dije -. Necesitamos ver en las alturas señales de nuestros miedos”.

Don Manuel y Roque Altube. Pero, sobre todo, don Manuel. Dos de los personajes que pueblan ‘La Tierra Convulsa‘, el primer tomo de la trilogía ‘Verdes Valles, Colinas Rojas‘ de Ramiro Pinilla.

Dos autores de éxito, Javier Ikaz (co-creador junto a Jorge Díaz de ese bombazo editorial que es ‘Yo fui a EGB‘) y el periodista Enric González coinciden conmigo en que la novela mencionada, ‘Verdes valles, colinas rojas’ es una obra asombrosa y fascinante.

Una retahíla de calificativos, de mi parte, para ‘La Tierra Convulsa’: pletórica, apabullante, una fotografía mítica, mitológica, mística, histórica, épica, social, política, emocional, folklórica, personal de Getxo, Euskadi, los vascos y el ser humano en general.

En ella habitan luchas intra e interpersonales y evolutivas, luchas de poder, luchas de clase, lucha obrera, nacionalismo exacerbado, socialismo… Y todo escrito de una forma desbordante. Un libro de esos de ALTA LITERATURA. Un referente muy evidente es ‘Cien años de soledad‘. Otro, por ejemplo, ‘La Montaña Mágica‘.

Los Baskardo, los Baskardo de Sugarkea y los Bascardo. Cristina Oiaindia, sabinoaranista. Ella, Magda o Madia, Efrén y Cándido. Santiago, Saturnino, Roque y Asier Altube. Y Don Manuel, sobre todo, don Manuel. Un auténtico faro de sabiduría. Y las llamas. Y la Venta. Y Getxo. El Getxo de Ramiro Pinilla escrito de forma exultante.

La exuberancia del primer tomo de ‘Verdes Valles, Colinas Rojas’ es tal que, ahora, requiero de un descanso antes de continuar con el segundo, que lleva por título ‘Los Cuerpos Desnudos‘.