LA FIEBRE. La Pandemia de Žižek a vuelapluma.

Resulta un tanto abrumador la cantidad de estudios y publicaciones científicas que están surgiendo en torno a LA FIEBRE. Es lógico, claro. La comunidad científica internacional trabaja sin descanso en pos de una vacuna o buscando tratamientos que minimicen las consecuencias del coronavirus. El problema es que quizá derivado de esa carrera se está primando la urgencia y la prisa por ser el primero y esto, en ocasiones, ofrece resultados no muy fidedignos e incluso a veces contradictorios.

También surgen otro tipo de publicaciones que no vienen marcadas por la premura digamos sanitaria y quizá por ello, a día de hoy, no son tan numerosas. Auguro que abundarán novelas, relatos, ensayos y demás inspirados por la COVID-19. Algunos libros en ese sentido ya han visto la luz, no sé si de forma un tanto prematura, cuando aún vivimos inmersos en plena pandemia. Puede ser que el obligado confinamiento a nivel global haya favorecido el trabajo de un montón de creadores.

Entre ellos encontramos al filósofo esloveno Slavoj Žižek, uno de los pensadores más conocidos entre los intelectuales occidentales, una especie de estrella del pop de la filosofía contemporánea junto con el coreano Byung-chul Han. Como decía, Žižek ha sido capaz de escribir un pequeño libro de 145 páginas que salió a la venta (al menos en España) el pasado 27 de mayo, publicado por Anagrama. Entiendo que la velocidad del esloveno a la hora de escribir este pequeño volumen ha respondido a su evidente capacidad para hacerlo, a vislumbrar una oportunidad a nivel comercial y también como reacción a la fiebre por el tema.

Precisamente LA FIEBRE me llevó a mí a adquirirlo a los pocos días que saliese a la venta y a leerlo de un tirón una noche de hace poco más de una semana. Y ello, a su vez, me ha empujado a sentarme aquí para compartir algunas de las reflexiones que Žižek aporta en su libro y lo que éstas me han sugerido. Todo a vuelapluma, eso sí.

Así, una de las ideas de índole política que recorre “Pandemia. La covid-19 estremece al mundo” tiene que ver con el intervencionismo estatal. En cómo, de producirse, ha de darse en un marco en el que el ciudadano confíe en el Estado. Pero, claro, ¿confiará la gente común en estados autoritarios acostumbrados al ordeno y mando y a que no se les cuestione (rollo China)?, ¿puede confiar la población en otro tipo de estados supuestamente más democráticos cuando una situación como la que estamos viviendo demuestra vaivenes y contradicciones, incapacidades y renuncios en los que se les pilla?, ¿son inevitables estos errores en situaciones tan impredecibles como ésta, en las que también prima la urgencia? Lo que sí parece claro, en cualquier caso y tal y como expone Žižek, es que esta intervención normalmente asociada a países socialistas o comunistas se ha producido incluso en estados absolutamente alejados de esas corrientes, como Estados Unidos o el Reino Unido. Y a partir de aquí también se pregunta: “¿de verdad la única elección posible es entre el control casi total de arriba abajo estilo chino y el enfoque más laxo de la inmunidad de grupo?”.

Este supuesto le lleva a aseverar al autor que el coronavirus empujará a “reinventar el comunismo basándonos en la confianza en la gente y en la ciencia“. En ese sentido, Žižek hace hincapié en la solidaridad y en la cooperación global como rasgos esenciales, así como la capacidad (¿temporal?) para controlar la economía y limitar la soberanía de los estados cuando haga falta. Personalmente, me gustaría pensar que esto pudiese ser posible, aunque no puedo evitar pensar en la tentación que puede generar a determinados líderes empezar así, como de buen rollo, y acabar cogiendo el brazo, no sé si me explico. Por otra parte, sin ser yo ningún experto en nada y menos aún en corrientes políticas, ¿no suena este planteamiento de Žižek de nuevo comunismo a un socialismo moderado o a socialdemocracia? Pregunto. Y también he de admitir que, en cierta forma, a esa pregunta el filósofo me responde: “Es fácil alertar de que el poder estatal está utilizando la pandemia como excusa para imponer un permanente estado de emergencia, pero ¿qué alternativa proponen aquellos que pronuncian tales advertencias?”.

Una de las consecuencias que el esloveno advierte derivadas de la pandemia tiene que ver con el consumismo o, mejor dicho, el no consumismo. “Las calles abandonadas de la megalópolis (…) nos permiten intuir lo que sería una sociedad no consumista“. También cree que la cuarentena global que hemos vivido ha podido llevar a algunas personas a liberarse de la actividad frenética que rige nuestro día a día en sociedades como la nuestra y a reflexionar a ese respecto. Puede ser, me gustaría pensar que sí, pero, ¿los tiempos oscuros que se avecinan a nivel socioeconómico contribuirán a extender ese tipo de reflexiones? Quiero decir que todo el mundo augura tiempos de necesidades más básicas y en ese cometido, en cubrirlas, dudo mucho que nadie se vaya a parar en pensamientos de esa índole sino más bien en hacer que la rueda vuelva a funcionar como antes de la pandemia. Y respecto al consumismo o no, ha bastado un poco de liberación en las restricciones a la movilidad y la apertura de las tiendas para ver amplísimas colas en grandes cadenas de ropa o ver cómo multinacionales hacen su agosto también en estos tiempos. Siento ser así de escéptico, me gustaría pensarlo de otro modo, la verdad.

Aún así, vale, no cejemos en tratar de reducir nuestro consumismo y en apostar por el decrecimiento y por flexibilizar nuestras exigencias y actividades y tal (“ahora la idea de que uno necesita más parece irreal”). Tratemos de acabar con la auto-explotación que a menudo nos imponemos a nosotros mismos. Esta es una reflexión (¿se puede decir que ya clásica?) del coreano Byung-chul Han y a la misma, todo hay que decirlo, también responde Žižek en las páginas de este librito aludiendo a que vale, muy bien, eso existe pero que no debemos olvidar que siguen existiendo grandes desigualdades entre clases y que, por tanto, esos antagonismos no deben reducirse exclusivamente a la “lucha contra uno mismo”. De hecho, el esloveno abunda en esta idea, a mi modo de ver, cuando dice que se alude (máxime en estos tiempos pandémicos añado yo) a la responsabilidad individual con insistencia y que a veces esto oculta cuestiones más colectivas o estructurales relacionadas con el cambio económico y social. Admito que me gusta esta idea, muy extendida desde hace décadas, aunque a veces pienso, je, en que también abusamos de ella para desresponsabilizarnos (¿me habrá lobotomizado el sistema capitalista neoliberal, maldita sea?)

Bueno, luego me quedo tranquilo y pienso que no me han fagocitado del todo cuando me veo coincidiendo con Žižek en otra idea muy aparentemente de izquierdas que aparece en su ‘Pandemia’ que dice que: “tenemos que aprender a pensar fuera de las coordenadas del mercado y el beneficio y encontrar otra manera de producir y asignar los recursos necesarios. Si las autoridades se enteran de que una empresa está acaparando millones de mascarillas a la espera de que llegue le momento adecuado para venderlas, no tiene que haber ninguna negociación con la empresa, simplemente hay que requisarlas”. Al menos, apostillaría yo, no negociaría si se diese algo así en una situación como la que vivimos. Obvio, ¿no?

Me gusta mucho, en ese sentido, cuando afirma que “las decisiones acerca de la solidaridad son eminentemente políticas”. Y más aún cuando unas páginas más adelante esa solidaridad vira hacia los olvidados y los parias. En este caso, cuando se acuerda de las personas refugiadas que intentan llegar a Europa: “¿De verdad cuesta comprender su desesperación cuando un territorio bajo confinamiento por una epidemia sigue siendo un destino atractivo para ellos?”. Bravo.

Por ir acabando, que al final me va a denunciar Anagrama por desmenuzar tanto esta obra, Žižek considera que la venida de una pandemia de estas características ya se nos venía, de algún modo, advirtiendo; desde los expertos que pronosticaban que algo así tenía que pasar a los indicadores propios de un sistema (capitalista) que podían propiciarlo (agricultura industrializada, desarrollo económico global, hábitos culturales, proliferación descontrolada de la comunicación internacional…). La cuestión es: ¿nos sorprende que haya ocurrido? Sí. ¿Por qué? Según Žižek, porque no nos creemos que vaya a ocurrir. Dicho lo cual, ¿nos creemos, por ejemplo, los agoreros pronósticos asociados al cambio climático?, ¿podemos hacer algo al respecto?

En fin, nada más y nada menos. Reflexiones y preguntas que me surgen a partir de determinados fragmentos. Y es que manda carallo, como dicen en Galicia, que, acudiendo nuevamente a una cita de ‘Pandemia. La covid-19 estremece al mundo’ necesitemos “una catástrofe para ser capaces de repensar las mismísimas características básicas de la sociedad en la que vivimos”.

PD: no puedo acabar este post sin colgar esa foto de abajo de una página del libro ‘Ilska. La maldad’ de Eiríkur Örn Norddahl. Me parece gracioso acabar así, sacudiendo la cabeza.

En Lontananza. Cierto renacer.

Casi siete minutos. Tiempo suficiente para ponerme epopéyico y valorar mi municipio en Fase 2 como si el resurgir del Ave Fénix se tratase. Minutos de sobra para ponerme estupendo y hacer una disertación de chichinabo sobre – OJO – arquitectura-urbanidad-cultura en ciudades de origen obrero. Y me quedo tan ancho.

Si ya con esto no os he picado para que lo escuchéis, yo ya no sé.

PD: la imagen es de mi colección de Paredes Parlantes.

LA FIEBRE. No Future.

Que cómo se va a salir de ésta, se preguntan muchos. Es una de las grandes cuestiones planteadas en estos días de FIEBRE. La incertidumbre ante lo que nos deparará el futuro próximo invita a elucubrar. Están quienes ven una perspectiva positiva derivada de la pandemia: que nos va a cambiar, que nos va a hacer mejores personas, que no vamos a ser tan individualistas, que la ciencia será más reconocida y se invertirá más en ella, que nos va a refocalizar en otros objetivos, que vamos a contemplar la vida de una forma más pausada, que vamos a ser más solidarios y que incluso habrá un impacto medioambiental positivo que nos hará valorar de otra manera nuestro entorno.

Luego está el sector agorero: que el impacto socioeconómico va a ser brutal, que va haber un mayor control sobre nuestras vidas, que se van a reducir nuestras libertades, que vamos a ser más individualistas, que van a ascender las opciones más populistas y radicales en política, que habrá recortes en ciencia y sanidad, que para levantarlo todo tendremos que autoexplotarnos más y seguir explotando los recursos naturales. Etcétera.

Yo no sé qué decir. Aunque me considero una persona de carácter optimista, creo que si tuviese que jugarme unos cuartos por una de las dos opciones elegiría el equipo agorer. Primero porque parece evidente que va a haber una crisis muy importante a nivel socioeconómico, la cual, como siempre, afectará a las clases más desfavorecidas. Y a tenor de lo visto tras la crisis económica de 2008, las soluciones no parece que vayan a suponer ningún cambio de paradigma: no va a haber una refundación del capitalismo al estilo Sarkozy, ni creo que ahora mismo haya una alternativa al mismo (como decía un tal Fredric Jameson, hoy parece “más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”)

Aparte de ello, esta situación me evoca al fútbol. Pienso en como una mala racha se olvida por parte de los aficionados cuando el equipo encadena unos cuantos resultados buenos y ya la cosa empieza a verse de otra manera. Creo que ahora puede pasar lo mismo. La pandemia pasará, no habrá un macabro y dramático conteo diario de muertos, el coronavirus desaparecerá de las portadas y a otra cosa, mariposa. No cambios, todo igual. No future.

O no. No lo sé. Elucubraciones, en cualquier caso. No sé hacia dónde iremos. Ojalá hacia algo de lo expuesto en el primer grupo. Pero ya hay cosas ahora que me hacen tener una actitud pesimista. El hallazgo de la siguiente foto ayer es una de ellas:

La instantánea la encontré en Twitter. La compartía un tal Toni García Ramón (@tgarciaramon). La foto nos muestra a un grupo de escolares franceses (donde ayer se reabrieron muchos centros) jugando en un patio, manteniendo la distancia de seguridad. Algunos pueden recibirla de forma bonita, supongo, pero a mí me noqueó. Y lo hizo porque me conectó con un paseo de hace escasos días con mis hijos.

En dicha salida, nos encontramos con algunos amiguillos de mi primogénito. La reacción de los críos al verse, obviamente, fue la de la algarabía, el juego, el contacto. Y ahí me vi yo, pidiéndole que, por favor, mantuviese la distancia, que no se tocasen, que no jugasen, que se hablasen desde lejos. ¡Qué triste!

Es el gran cambio, para mí. Un cambio por el que no hay que apostar ya que, de momento, está pasando. Quiero pensar que también acabará y que los críos podrán volver a jugar con normalidad, podrán tocarse, pero me asusta. Me asusta por ellos. Temo que algo de esto vaya a quedar. Me da miedo que esto sea una especie de ensayo para una nueva sociedad sin contacto. Ahí sí que no veo futuro, como cantaban los Sex Pistols. Ahí lo veo negro. A lo mejor yo también cambio o ya lo he hecho. A lo peor ya no soy tan optimista. No lo sé.

Barakaldo, 13 de mayo de 2020.

PD: la foto que encabeza este artículo la he tomado prestada del muro de Facebook de mi amigo Javier. Creo que es muy simbólica y representativa con el contenido de lo expuesto.

Cienfiebres Blogcast #4. Obituario.

[A partir de aquí, lean como si estuviesen escuchando]

Arrancamos este cuarto programa-blogcast de Cienfiebres con un clásico soul que, desgraciadamente, ha estado de actualidad hace escasas semanas por el fallecimiento de su intérprete, Bill Withers. El norteamericano falleció el pasado 30 de marzo a causa de coronavirus a los 81 años de edad. Withers alcanzó bastante popularidad en el año 1971 gracias al tema con el que hemos arrancado, que apareció en su primer disco. Desde entonces y hasta su retirada de los focos en el año 1989, grabó siete elepés más, convirtiéndose en una especie de artista de culto.

Hemos elegido la figura de este soulman para inaugurar este episodio en el que recordaremos a tres artistas que nos han dejado a causa de la pandemia. Han sido muchos más y me gustaría hacer extensible a todos ellos este pequeño homenaje. Vamos con el siguiente.

“Stacy’s mom”, indiscutible éxito de la banda estadounidense Fountains of Wayne a la que pertenecía su bajista y miembro originario de la misma Adam Schlesinger quien nos dejó el pasado 1 de abril en un hospital de Nueva York a la edad de 52 años a causa del Covid-19. Una muy llorada pérdida para todos los amantes del pop de guitarras.

Cambiamos radicalmente de tercio musical…

Quizá aquí no cumpla rigurosamente con la directriz marcada hoy. Y es que no está claro que la muerte de Luis Eduardo Aute el pasado 4 de abril a los 76 años se debiese al dichoso coronavirus. Tampoco creo que sea algo que importe. Personalmente he querido traerlo hoy aquí porque Aute ha sido una figura fundamental en la vida de un gran amigo, Javier, y, en cierta forma, quería hacerle este guiño. Y bueno, he de admitir también que sin ser yo un gran fan del cantautor, escuché algunos de sus discos descubriendo este tema que me parece soberbio.

En fin, por Aute, por Schlesinger, por Withers y por todos los músicos, artistas y por el ingente reguero de fallecidos que está dejando este puto bicho… sirva este minúsculo espacio de hoy.

Ahora, vamos con una de mi colección de favoritas…

Los islandeses Sigur Ros con uno de sus impronunciables títulos, “Gobbledigook”, pimer corte de su disco de 2008 “Með suð í eyrum við spilum endalaust”. Un etéreo tema quizá más ¿pop? que muchas de sus composiciones anteriores. Este álbum fue el último que compré de ellos. Tuve mi fiebre con esta banda, sobre todo con el segundo, tercer y cuarto disco (el mencionado es el quinto). Es de las pocas por las que he hecho un viaje en avión expresamente para verles. Fui a Barcelona con Ana y con mi amigo Raúl al Palau Sant Jordi precisamente con la gira de este álbum, si la memoria no me falla. Es a Raúl, claro, a quien siempre vincularé a los islandeses. Él siempre ha sido un gran fan de Jonsi y compañía y de los jerseis de estilo nórdico. Y, por tanto, acordarme de Raúl (quien fuese Kansei en LFA) me lleva a cerrar este cuarto Cienfiebres Blogcast con la última recomendación musical que nos ha hecho en esta pandemia que hoy también ha protagonizado parcialmente el programa…

Pues eso… unos tales Claim a los que no conocía de nada hasta que el bueno de Raúl nos los recomendó. Son de Murcia, tienen un EP titulado “Barbados” y suenan… bueno, ya los habéis escuchado: indie pop de ese que, más pronto que tarde, puede llenar grandes aforos, si es que el Covid-19 permite que algún día eso pueda volver a darse…

En fin, que ustedes lo pasen bien, cuídense y hasta una próxima entrega de este espacio frutodelconfinamiento llamado Cienfiebres Blogcast. Agur!