“Si no lo ocupamos [el pensamiento] en algún tema que lo embride y contenga, se lanza desbocado aquí y allá, por el campo difuso de las imaginaciones”.

Ayer me sentí retratado con el hipocondríaco de Pantomima Full. Hoy con este fragmento del ensayo De la Ociosidad de Michel de Montaigne, ya que, de alguna manera, describe muy bien a un Cienfiebres.

La masa suele ser silenciosa. No firma manifiestos ni asiste a manifestaciones ni responde cuestionarios ni milita en partidos políticos. Y la consecuencia es que resulta fácil confundir a unos cuantos que vociferan consignas con la nación entera.

George Orwell. Reflexiones políticas sobre la crisis. The Adelphi, diciembre de 1938.

Fotografía: George Orwell escribiendo en Marruecos, 1939.

-Si el poema no tiene sentido -dijo el Rey-, eso nos evitará muchas complicaciones, porque no tendremos que buscárselo.

De repente, sin saber muy bien por qué, uno se encuentra con una cita o un fragmento o una estrofa o un verso que le hace clic. Este es el caso. Tampoco sé en qué sentido, pero remover, removió. Alguna conexión tocó. Como mínimo, provocó que me ha empujado a leerme el libro en el que aparece.

Y no, no he leído Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll.

Casi todos los creadores de utopías han sido como ese hombre que tiene dolor de muelas y, por tanto, cree que la felicidad consiste en no tenerlo. Quieren forjar una sociedad perfecta mediante la prolongación sin fin de algo que sólo era valioso porque era provisional. El camino más sabio sería decir que existen ciertos criterios por los que la humanidad debe guiarse, que la estrategia global está trazada, pero que las profecías detalladas no son asunto nuestro. Todo aquel que intenta imaginar la perfección no hace más que delatar su propio vacío.

De utopías, utopistas, de felicidad y de anhelos… es verano, en escasas horas me voy de boda, hace calor… no me extiendo. Copio un fragmento y ya, si acaso, algún día, lo comentaré. Ahora me he encontrado con el ordenador encendido y, a la vez, rumiando a partir de la lectura de “¿Pueden ser felices los socialistas?”, ensayo escrito por George Orwell, en Tribune, el día de nochebuena de 1943. No me extiendo, digo. Ni es el momento ni el lugar pero que conste en acta.

Ni brilla el sol ni el cielo está azul: es un triste martes por la mañana de agosto de 1974. La ausencia de sueño y la ausencia de sueños. El exceso de pesadillas y el exceso de alcohol. La resaca y la llamada a casa. A tu mujer y a tus hijos. Para decir os quiero y os echo de menos y ojalá estuviese allí.

Allí, allí, en cualquier lugar menos aquí.

Es un fragmento del que, dicen, es uno de los mejores libros sobre fútbol nunca escritos. Sí, de fútbol. De balompié. Quién lo diría leyendo esto. Es mi actual fiebre literaria. Es un fragmento de “Maldito United”, la traducción de “The Damned United” de David Peace.

Si fuese un libro sobre ebanistería también sería febril mi estado. Un ebanista con obsesiones. Con subidones, bajones. Sin amigos (o un único amigo, Peter Taylor); sin enemigos (o un único – y gran – enemigo, Don Revie). Un ebanista que se sabe ganador y que también se reconoce perdedor. Un ebanista histriónico, temperamental, sin pelos en la lengua. Un ebanista que antes de saborear los más grandes triunfos ha de capear con una (auto)traición que, por ende, le lleva al fracaso.

Pero es un libro sobre un entrenador no sobre un ebanista. Es un libro sobre Brian Clough. Cloughie. Míster del Derby County, míster del Leeds United. Míster del Nottingham Forest (aunque este pasaje no aparece reseñado en esta obra). Es un libro que te arrastra a las entrañas del único entrenador inglés con dos Copas de Europa, a las entrañas de los estadios en los que vive, disfruta y sufre. Es un retrato magistral de un tipo del que acabas entendiendo porque muchos le odiaron y porque otros muchos le acabaron queriendo. Es un libro sobre un entrenador no sobre un ebanista.

Es el libro en el que se basa la película “The Damned United”, dirigida por Tom Hooper que, si bien es entretenida y digna de verse, se queda a la altura del betún frente a las páginas de David Peace. Un estilo machacante, plagado de frases cortas, plagado de repeticiones, de saltos… Unas formas que, como decía antes, arrastran sin remisión al lector. O, al menos a mí, me han arrastrado. Es mi fiebre literaria actual, sí. De todos modos, no me extenderé en repasar esta obra ya que lo hacen muy bien, por ejemplo, en este artículo de hoy en El Estado Mental,.

Caída y auge de Brian Clough, subtitulan en ese texto recién enlazado. Sí. Un Reginald Perrin sentado en el banquillo del Derby County y del (sucio) Leeds United. Y David Peace emparentado ya con David Nobbs en mis altares de escritores británicos, junto a Hornby, Welsh y Julian Barnes. Es mi fiebre literaria actual, sí.

* La foto la encontré ayer en Pinterest. Brian Clough y su fiel escudero, Peter Taylor, sentados en un banquillo llevando a la gloria al Nottingham Forest.