De la aldea global a la aldea globalizada

Hola, qué tal. Un pequeño rescate del marasmo, del agostamiento, del abandono al que he sometido a este espacio desde hace casi un mes. Pero tan pequeño que me limitaré a hacer un Ctrl+c, Ctrl+v de un post que escribí el pasado 2 de octubre para ser publicado en el blog de unas compañeras gallegas, 365 posibilidades, con motivo del Día Mundial de la Educación Social y de la iniciativa Carnaval de Blogs que, un año más (y van cinco), promueve la gente del Colegio de Educadores Sociales de Cataluña. En esta edición el tema propuesto era el de “Los retos de la educación social en tiempos de la globalización”. Artículo que, aún apoyado por mis amigos de Educablog, me costó pergeñar y que, admito, puede resultar, no sé, quizá un tanto redundante habida cuentas de otras piezas que pueda haber por ahí al respecto del tema en cuestión. O no, no sé. Lo dejo a vuestra consideración y no me enrollo más. A ver si en los próximos días regreso con más fuerza. Salud.

Tuvo que sonar bien aquello de Aldea Global. Imagino que, en su momento, el término acuñado por Marshall McLuhan en la década de los 60 se compraría por muchos activistas, interventores sociales y demás figuras como un eslogan a reivindicar, un lema que imprimir en camisetas y por el que pelear.

Desgraciadamente, el tiempo nos ha demostrado que aquella idea de globalización que podía desprenderse del citado término (basada, entiendo, en internacionalismo, solidaridad, interculturalidad, etc) acabó virando hacia un concepto más mercantilizado, más orientado al intercambio desde un punto de vista comercial, productivo… vaya, que pasamos de la aldea global al mercado global y dicho cambio dejaba de lado a la persona, sus ideas, sus derechos… cosificándolo todo, tecnificándolo todo, olvidándose de la cooperación, de la distribución de la riqueza, de la dignidad personal… y debilitando los estados del bienestar que con tanto esfuerzo se intentaron construir.

La ideología neoliberal, esa que tanto rehúye, precisamente, de las ideologías, absorbió o se apropió de la idea global dejando tras de sí un sinfín de estados-naciones-pueblos sin autonomía con la que gestionar las crisis sociales y económicas que nos han sacudido en las últimas décadas.

Y ahí estamos, las educadoras y educadores sociales… llorando la pérdida del lema o de la idea (supuestamente) primigenia de aldea global y capeando el temporal de consecuencias del mercado global; adaptándonos a esa jungla, a sus pobladores y a las formas inherentes al sistema (occidental), tratando que las víctimas sean las menos; aceptando (obligatoria o voluntariamente) las características que esta realidad (sí, esta realidad, la de ahora, la de ayer y, posiblemente, la de mañana) también ha traído a nuestra profesión: la persona es usuaria, dedicamos más tiempo a informes, diseñamos cada vez más herramientas científicas de último modelo made in UE, etc…

Y ahí estamos, adaptados queriendo desadaptarnos, en muchos casos, sin muchas posibilidades de conseguirlo. Sobreviviendo (metafórica y, desgraciadamente, en muchas ocasiones, literalmente) a estos tiempos que ya son unos cuantos y que, de una forma u otra, ya deberíamos conocer de sobra. Quizá, por ello, en realidad, ya estamos más que adaptados. Se puede decir, sin querer sonar peyorativo, que sí, que las educadoras y educadores sociales también formamos parte del sistema.

Dicho lo cual y aceptando que estamos dentro, algo se podrá hacer, ¿no? Perseguir ese utópico mantra universitario que nos decían en la carrera a finales del siglo XX basado en la transformación social… buscando ese cambio de paradigma (¿sería del técnico al crítico?) pero a sabiendas de que el enemigo (me disculpan el tono beligerante) es enorme… no, mejor: es GLOBAL.

La potenciación de la criticidad en estos tiempos en los que no da tiempo a ser crítico, por tanto, sería un punto de partida. OK. Reivindicar la identidad propia frente a la repetición, la fotocopia, el cliché alienante (me resulta curioso, me permiten el inciso, esta apuesta por una especie de defensa de lo individual cuando una de las cosas que más se ha renegado de la globalización ha sido, justamente, la individualización que traído, en detrimento de lo comunitario, concepto que, por otra parte, casaba muy bien con la idea de lo global, al menos semánticamente. Ya paro) OK. Trabajar por el empoderamiento de las personas, por la igualdad de las personas, por sus reconocimientos, poner en valor los grandes acuerdos en materia de derechos… OK, vale.

¿Cómo? Partido a partido, como el Cholo, siendo un partido un barrio, un aula, una casa, un centro cívico… ya saben, eso de mucha gente haciendo cosas pequeñas y tal… (lema Mr. Wonderful total, o sea, otra arenga absorbida por la máquina, por el mercado… me disculpan el nihilismo, please)

Habrá que reconocer que, según leo y escribo esto, me digo que más de lo mismo… o sea, son recetas que siempre he leído/escuchado (entre otras miles, claro)… son ideas que van en nuestro ADN profesional y que me llevan a preguntarme: ¿por qué no somos capaces de culminarlas, de llevarlas a la práctica?, ¿por estar dentro del sistema, como decíamos antes?, ¿hay que refundar el sistema?, ¿quizá, en su momento, pensamos, ingenuamente, que una conceptualización como la de aldea global encajaba perfectamente en el ideal que una educadora o educador social podía perseguir como meta final y eso ha conllevado una, digamos, pérdida de tiempo o aceptación parcial?, ¿cuándo empezamos a darnos cuenta de que esto no era así?

Igual no es cuestión de tiempo, si no de ritmo, de velocidad. Quizá los cambios (políticos, sociales, migratorios, culturales…) aparejados a la tendencia globalizadora, a ese paradigma nos han pasado por la derecha y, probablemente, ha sido muy difícil seguirles siquiera el rastro. O ellos muy rápidos o nosotras muy lentas, no lo sé.

Sea como fuere, por supuesto que habrá que seguir apostando por la persona, sus derechos, por la igualdad entre los seres humanos, etcétera, sin duda, y habrá que hacerlo como decíamos: piano piano, sin prisa pero sin pausa (a pesar de la ventaja que nos llevan), desde abajo, horizontalmente pero tirando para arriba… haciendo política, claro, etc… y deberíamos pensar, por qué no (quiero pensar que ya lo hacemos), en seguir ese itinerario valiéndonos, aprovechándonos y apoyándonos en algunos aspectos que nos ha traído el mercado global, sabiendo identificar las oportunidades que nos brinda, que también las hay: las herramientas de comunicación, avances científicio-técnicos (sí, también debemos apropiárnoslos sin olvidar que son sólo una herramienta y que debemos aprovecharlo para el bien común), la facilidad para configurar redes de apoyo mutuo, la posibilidad de nuevas vías de autofinanciación basada en el mecenazgo interpersonal, las facilidades para moverse, para desplazarse, nuevas formas de asociacionismo, la apertura a nuevos nichos (pequeño desliz mercadotécnico, perdón) o ámbitos de intervención, etc…

Los retos están ahí. Son enormes (globales), claro. Nos sacan mucha ventaja, sí. Pero, al final, siempre nos queda la artesanía, lo manufacturado frente al plástico; lo realizado con pasión frente a lo realizado desde la frialdad mercantilizada; iremos más lento pero perseguimos calidad versus cantidad; sigamos ese camino, sigamos resistiendo y buscando la manera de transformar las cosas. Precisamente la supervivencia del tercer sector y su autoconciencia son fuente de esperanza para la transformación, sin desdeñar, ojo, el riesgo de mercantilización del mismo. Continuemos, pues, con todas las trabas (adaptándonos también a ellas), anhelemos la idea de McLuhan que, digo yo, debió fascinar a nuestros predecesores y transformemos, por tanto, el mercado en aldea, la aldea de todos y todas.

Yo fui portero del Barakaldo CF

Un encabezamiento apelativo. Eso pretende el título de este post. Llamar vuestra atención. Sin mentir, eso sí. Yo fui portero del Barakaldo CF. En serio. Lo fui. Ese es uno de los grandes (sino el gran) titular a extraer del artículo que el pasado 19 de agosto se publicó en el fantástico blog del amigo Holden Caulfield, Crónica Deportiva Sentimental. Un texto que escribí para dicho espacio invitado por su autor que ha tenido la idea o iniciativa de conmemorar el centenario del club hacia cuyos colores profesamos afición común mediante escritos de corte sentimental o nostálgico. El propio Holden, en ese sentido, se ha salido de la tabla con una pieza particularmente emotiva titulada Cien historias mínimas que os recomiendo leer encarecidamente aunque no te guste el Barakaldo e incluso aunque el fútbol no sea de tu agrado.

Portero del Barakaldo, decía. Así es. Ese es el destacado de Mi puerta, el verdadero título del artículo. Con Mi puerta, en realidad, yo he querido rendir homenaje a todos los amigos que se rieron (con razón) de otra pieza que escribí, no sé, entre el año 1997 y 1999, titulada del mismo modo. Mis primeros pinitos frente a un teclado, hablando del Barakaldo, ay. Un incunable que, a veces, aunque no lo creáis, algunas amistades me han pedido que rescate. Desgraciadamente, no tengo de dónde. No sé dónde ni cómo acabó. Una lástima. Por eso, aprovechando la oportunidad que me brindaba el bueno de Caulfield, me decanté por hacer una versión 2017 de Mi puerta.

En fin, no me enrollo más. El anzuelo está lanzado. Recordad: yo fui portero del Barakaldo CF. En serio. Lo fui. Esto os ha de obligar a ir a Crónica Deportiva Sentimental y leerlo. Hacedlo pinchando aquí. Y ya daos un garbeo por el blog de Holden y, si os mola, recordad que también escribe (impresionantemente bien) de música en el ya mítico Fiasco Fiasco.

Ale pues.

* En la imagen, la portería del fondo de La Kábila, en el antiguo Lasesarre. Mi puerta.

#EdusoDay2017 – La Educación Social en la escuela

La Educación Social en la escuela. Pues dónde iba a ser si no, ¿no? Puede que haya mucha gente que desconoce nuestro curro que lo vea así. Pero la realidad nos dice que el ámbito o marco escolar no es, precisamente, uno en el que más integrada esté la labor de los educadores sociales. No, al menos, desde un punto de vista oficial, oficioso o de forma directa… o sea, no formamos parte de los organigramas de los institutos, no somos una figura que se pueda encontrar en el claustro o en los equipos pedagógicos de los centros, etcétera… sí intervenimos, en cambio, en la periferia de las aulas, trabajando con mucha chavalería un montón de aspectos, desde un montón de programas, etc… pero eso, desde fuera, sin pertenecer, por decirlo así, a la comunidad educativa.

Y, ¿saben qué? Personalmente considero que somos una profesión, las y los educadores sociales, que, en realidad, podríamos aportar un montón de cosas a dicha comunidad. Cosas que, me disculpan, no paso a enumerar a continuación. Primero, porque no ando con mucho tiempo y este es un post meramente informativo (en un momento la información en cuestión) o pretendía serlo antes de empezar a enrollarme; y segundo, porque en este artículo (Educadores sociales en la escuela para el desarrollo integral de la persona) del profesor de la Pere Tarrés, Jesús Vilar, se explican a las mil maravillas los servicios que podemos dispensar en un colegio o en un instituto.

Pero, como les decía, en realidad, venía a hablar de mi libro. Mi libro es un sarao que hemos organizado mis hermanos de EducaBlog, las compañeras y compañeros del CEESPV, con la inestimable colaboración del Ayuntamiento del pueblo, para el lunes de la próxima semana, 2 de octubre, fecha en la que se celebra el Día Mundial de la Educación Social, traducido al lenguaje tuitero como #EdusoDay2017. El acto en cuestión es una jornada que trata… pues eso: de la Educación Social en la Escuela.

Si queréis más información al respecto, os invito a visitar el post en educablog.es; si queréis consultar el programa, aquí abajo os dejo una imagen del mismo; si queréis asistir a esta jornada, podéis inscribiros en este enlace; si finalmente vais, también he de advertiros que, más o menos, la segunda parte del evento estará dinamizada por el que abajo firma. Y sí, sé que con esta advertencia puedo hacer reducir el número de asistentes.

Buenas noches.

Vincular para desaparecer

El pasado viernes, tras aproximadamente medio año sin escribir nada en EducaBlog, volví a ello con un post titulado “Vincular para desaparecer“.

Lecturas varias y mucha escucha. Esas han sido las principales fuentes de inspiración para pergeñar este texto que, desde luego, creo que me sirve para reflexionar, dudar y seguir preguntándome cosas al respecto de mi labor profesional y, como ocurre muchas veces en estos casos, para dudar y seguir preguntándome sobre muchos aspectos que también se replican en mi día a día personal.

Precisamente, por esta última cuestión, animo a todo el mundo a leerlo, se dedique a esto de la intervención social o no.

Charla con un histórico para el blog del Histórico Barakaldo

Manolo, en segundo término, en un partido contra el Atlético Madrileño, en el Calderón. Foto cedida por el propio Manolo.

Ayer se publicó, en el blog de Histórico Barakaldo CF 1917-2017, mi segunda colaboración con este medio dedicado a la memorabilia en clave gualdinegra. En esta ocasión, he participado mediante una entrevista al que fuera jugador, entrenador y directivo del club vizcaíno Manuel López Martínez “Manolo”. Antes de esta pieza, ya participé en la mencionada bitácora con un artículo dedicado al jugador barakaldés y del Barakaldo en los años 30 y fallecido en la guerra civil española, Ricardo Miranda Alonso “Cachi”.

La entrevista con Manolo se fraguó gracias a la inestimable colaboración de uno de mis habituales “compañeros de parque”, Jorge, que fue alumno del que fuese lateral derecho de aquel gran Baraka de los 70 cuando éste ejerció de profesor de Educación Física en el Colegio El Regato y con el que ha seguido manteniendo relación ya que mi enlace se dedica a lo mismo. Así, al referirle a Jorge la existencia de este gran blog dedicado a la historia del Barakaldo, me facilitó el teléfono de Manolo asegurándome que él se mostraría encantado de compartir sus recuerdos de cuando vestía la camiseta del club de su pueblo.

Y, efectivamente, así fue. Manolo accedió amabilísimo a responder a mis preguntas y a rememorar aquellos emocionantes tiempos. Recuerdos que, personalmente, me producían, según le escuchaba, una sana envidia al pensar cómo fueron aquellos años en los que una mala entrada en Lasesarre era de 8.000 personas o al imaginar aquellos partidos en los que el Barakaldo estuvo a punto de rozar la gloria de la primera división.

En fin, espero haber captado y haber transmitido adecuadamente mucho de lo que Manolo me contó durante la hora y pico que mantuvimos de animada charla. Desde aquí, mi agradecimiento a este gualdinegro de pro y, por supuesto y de nuevo, a Jorge. Sin más, os dejo el enlace a la entrevista en cuestión, no sin antes recomendaros, si sois aficionados al Barakaldo o a la historia del fútbol en general, que le dediquéis un rato al resto de contenidos que hay en Histórico Barakaldo CF 1917-2017 porque, de verdad, merece la pena. La entrevista: Manolo: “Antiguamente, nadie se planteaba otro plan para el domingo que no fuera el bajar a Lasesarre”.