“Cambiar cómo hablamos es cambiar quiénes somos”.

Me he leído el libro “Antisocial. La extrema derecha y la libertad de expresión en internet”, del periodista de New Yorker Andrew Marantz y editado por Capitán Swing. Me ha gustado mucho. Un ensayo periodístico muy interesante que propone un recorrido que parte de la tecnoutopía y la ingenuidad de los precursores de los medios sociales, que acaba degenerando en herramientas que comparten todo lo que genere emociones activadoras e interacciones (lo que da pasta), hecho que aprovechan muy bien determinados grupúsculos para vender sus hediondos discursos y que acaba con consecuencias que tienen su repercusión en la vida real (Trump, por ejemplo). También Marantz señala alguna que otra clave para luchar contra esto, fundamentándose principalmente en la máxima que da título a este post y que también encabeza la reseña que he realizado (mucho más extensa) en EducaBlog y que, obviamente, os invito a leer en este enlace.

Por lo demás, sirva esta entrada, además de para promocionar dicho artículo en nuestro blog sobre Educación Social, para complementarlo con fragmentos o citas subrayadas en Antisocial y que no he incluido en la reseña de EducaBlog, pero que, sin embargo, me parecen lo suficientemente interesantes como para compartirlas también con la audiencia de cienfiebres.com. Las comparto, eso sí, de forma literal, sin comentarios adyacentes por mi parte.

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Cosificación

Me recuerda a una tertulia que tuvimos. En aquella ocasión era sobre Erdogan y la amenaza de éste a la UE de abrir las fronteras a todos los refugiados que “acogía” si le seguían apretando las tuercas con vaya usted a saber qué. Y Europa, claro, cagada ante la posibilidad de que miles de desarrapados pululasen sin rumbo por su territorio. O sea, esos refugiados tratados como mercancía, como moneda de cambio.

Hoy algo parecido. No sé si el detonante habrá sido exclusivamente que se haya atendido a un líder del Frente Polisario en un hospital español (imagino que tiene que haber algo más), pero lo que parece claro es que Marruecos, mosqueado, ha tomado como represalia la apertura de la frontera sin ningún tipo de control de su policía. Y los inmigrantes, en este caso, tratados como arma, como plaga.

Creo que la cosificación es esto.

Foto de EFE, vista en El Correo de hoy.

Un diálogo sobre el décimo aniversario del 15M

Se cumplen 10 años hoy del 15M, aquel movimiento ciudadano que surgió con un supuesto punto de espontaneidad con el fin de mostrar el malestar hacia la clase política, de reclamar una democracia real (sic) y de revertir las condiciones derivadas de la crisis socioeconómica que en aquel momento, 2011, golpeaba a España y a otros países de nuestro entorno.

A raíz de esta efeméride, proliferan los análisis, los textos, los especiales y demás producciones en torno al 15M y aquí, en Cienfiebres, no íbamos a ser menos. Para ello, me vais a permitir que el formato elegido sea una especie de transcripción o adaptación de una tertulia del Derby* surgida en los pasados días, a la que he tenido acceso y en la que, a mi juicio, emergieron elementos muy interesantes.

Imagen de la concentración en Bilbao del 15 de mayo de 2011.

DERBYTARRA 1: ¿Tuvo el 15M un enfoque clasista?, ¿acaso no se ha de considerar como tal que las voces de universitarios quejándose por tener que aceptar empleos inferiores a su cualificación no son, en realidad, una lucha por el acceso a puestos más altos en la jerarquía socioeconómica?

DERBYTARRA 2: Creo que esas críticas son porque veis el 15M como algo de izquierdas y, al principio, no se suponía que lo fuera.

DERBYTARRA 3: No creo que la cosa del 15M fuese romper con el modelo de sociedad. Más bien era romper con el modelo político viciado y corrupto. Pero de ahí a cambiarlo todo… no sé yo. Así lo vivi yo, al menos, al principio. Me imagino que cuando era transversal habría de todo, todo legítimo.

DERBYTARRA 4: Yo tengo la impresión de que ahora dar caña al 15M va a ser tendencia, quizá porque se convirtió en algo así como mayoritario y que, para más inri, fue fagocitado por la política tradicional. Aún así, guardo buen recuerdo de todo aquello, de aquellas semanas. Pero confesaré que leo el nombre de la plataforma aquella, Democracia Real Ya, y suena un tanto antiguo y trasnochado.

D2: Los de DRY siguen por ahí, pero ahora es más Izquierda Real Ya. Quizá siempre lo fue.

D3: A veces pienso que me lo he inventado, que nunca fue así. Pero yo nunca había visto nada tan transversal. Había de todo. Seguramente esto dentro de unos años no se lo va a creer nadie. Casi siento lo mismo que creo sentir cuando trato de recordar el espíritu de la época hippie en los USA que no viví.

D2: Lo que más recuerdo que lo motivó fue la aprobación de la Ley Sinde, en Semana Santa, a traición. ¿Os acordáis vosotros de más sobradas políticas de entonces?

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De burgueses desdichados y terminales dichosos. Una retahíla de ideas conectadas de forma inconexa.

“Freud”, explica en la entrevista, “hace una distinción entre la desdicha ordinaria y la desdicha neurótica”. La primera es externa: la enfermedad o la muerte, un revés laboral o económico. La segunda surge de nuestro interior. “Me he ahorrado bastante la desdicha ordinaria. Mis padres están vivos. He llegado a los 63 años sin ningún gran duelo. He ganado suficiente dinero. La vida ha sido más bien fácil para mí”, dice. “En cambio, estoy más expuesto que otros a la desdicha neurótica. ¿Es algo burgués? No estoy seguro. Quizá, si uno vive en una lucha perpetua por la vida, no tendrá tanto tiempo para la neurosis. Pero creo que hay que respetar el sufrimiento propio”.

Leía la noche del domingo 21 de febrero la entrevista que ha concedido el escritor francés Emmanuel Carrère a Babelia y ese fragmento de arriba me llamó poderosamente la atención. Me resonó porque es algo que he pensado a veces y que suelo comentar con amigos, familiares o colegas de profesión. La diferencia es que yo suelo recurrir a Maslow. Y suelo decir que, en la medida en que las necesidades más básicas se van cubriendo (ya sabéis, las de la base de la pirámide del susodicho), emergen otro tipo de necesidades de tipo quizá más interno, antropológico, psicológico… no sé. Lo de la desdicha neurótica que dice Carrère o Freud.

Esto podría llevarnos a establecer una especie de relación muy, si me permitís, Pinkeriana, según la cual podría concluirse que cuanto más crecen las problemáticas de salud mental más disminuyen las problemáticas de índole más socioeconómica o de recursos.

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Derecho a la belleza

En ocasión de una misión profesional en la región del ABC, en la periferia de Sao Paulo, una zona de dos millones de habitantes con mayoría proletaria, visité una sector de favelas extremadamente pobre, casi inhabitable a la orilla del río. Se me acercó una señora negra a la que acompañaba su nieta y me preguntó que iba a pasar con ellos. Le dije que a corto plazo se haría una actuación para introducir mejoras indispensables y que luego, en el marco del proyecto, se construirán viviendas cerca, etc. Respuesta, “me lo creo, tengo confianza en el gobierno del municipio (del PT) pero por favor pongan mucha atención a que lo que se haga sea bonito, pues los pobres también tenemos derecho a la belleza”.”

Este texto lo he encontrado en una nota del Doctor y profesor universitario Jordi Borja en su blog.

Derecho a la belleza. El acceso a la belleza también es cuestión de clase. Creo que muchas veces nos olvidamos de trabajar en esa clave. Y me parece fundamental. Promover la belleza del entorno genera creatividad y una mayor vinculación con el mismo y, por tanto, mayor implicación, mayor participación de todos para preservarlo, para cuidarlo.

Derecho a la belleza. Garantizar ese derecho para todas las personas.