Colección de Favoritas… ¡Champán para todos!

El visionado, la semana pasada, del documental “Champán para todos” (Lola Lapaz, 2018) dedicado al inmenso Sergio Algora despertó en mí unas cuantas fiebres. La de reescuchar los discos de El Niño Gusano o La Costa Brava, claro, siempre necesarios y fundamentales, o la de descubrir la obra poética y/o literaria del personaje. Disparó, asimismo, la idea de dedicar un escrito al pueblo de mi suegro (cuando lo haga lo entenderán) o la de retomar la iniciativa de hacer un podcast o, de no hacerlo, transformarlo en blogcast, qué sé yo (cuando lo haga lo entenderán)

En cualquier caso, quizá la principal fiebre o titular transversal que extraigo de dicha obra tiene que ver con el hecho de que en ella se atestigua que Algora se lanzaba a hacer/vivir/disfrutar las cosas, de forma, a veces, casi improvisada, sin importarle mucho el resultado, gozando del proceso y de los roces inherentes que podían surgir del mismo. Esto interpreté yo (o quise interpretar) en esta especie de biopic del zaragozano.

Supongo que me quedo con eso porque me siento muy identificado y porque, de alguna forma, me (auto)justifica a la hora de poner en marcha diferentes iniciativas como la que vamos a celebrar este sábado 7 de marzo, sin ir más lejos: montar una fiesta, con la música como excusa, para encontrarnos con un montón de amigos en mi bar favorito… y todo así, porque sí, porque hay que hacerlo y porque vamos a disfrutarlo, aunque luego no suene la música, el formato elegido no sea el correcto, la selección de temas no sea la más aplaudida o aunque falten algunas personas importantes… da igual: ¡Champán para todos!

Es justo admitir también que buena parte de culpa de que esto vaya a suceder corresponde a mi amigo David de Haro, que fue el que me dijo que cuando llegase al número mil de mi serial Colección de Favoritas (el poner diariamente una canción en mi muro de Facebook bajo ese epígrafe) habría que celebrarlo… y sí, yo también vi ahí una buena excusa para ello, sin duda. Somos gente de celebrar. ¡Champán para todos!

Por último y en modo spam, simplemente recordar que la fiesta será el sábado, en el Panorama Club (C/Francisco Gómez, 4, Barakaldo), a partir de las 23:30 y que ahí me juntaré con mis amigos Javier Ikaz y Eneko para poner unas cuantas Colecciones de Favoritas; si me lo permiten, dedicaré un post ad hoc a los pinchadiscos mañana o pasado. Así, no quiero acabar este escrito sin agradecer a Javi, capo del Panorama, por poner su garito a nuestra disposición para celebrar este acto, a Miqui Puig por permitirnos mancillar la portada del mítico disco de Los Sencillos que da título a nuestra fiesta y, como venimos haciendo, a Sergio Algora por ser faro-inspirador de este vuestro servidor.

¡Nos vemos el sábado! ¡Champán para todos!

Series [Listas Tontas]

Uno se cree un advenedizo en este mundo de las series de televisión (o de plataformas en streaming) y se da cuenta que, en realidad, ha visto muchísimas de ellas antes de que fuese una especie de asignatura obligatoria. O, más bien, antes de que fuese uno de los temas recurrentes en la gran conversación dospuntocero. Y, a ver, en cierta forma, lo soy. Quiero decir que, por ejemplo, ayer mismo me acabé la aclamada Juego de Tronos, llegando casi un año tarde a la tertulia común. De hecho, cabe reconocer que, quizá, una de las razones por las que empecé a ver dicho producto era por no sentirme excluido a la hora del café en el curro. Era como no tener wathsapp en un grupo de adolescentes. O como no ver a día de hoy Pleaky Blinders o como se llame la serie de moda.

A ver, que me lío. Que decía que más allá de que el mundo de las series tenga en la actualidad o de unos años a esta parte una especial relevancia en nuestros entornos y de que se inviertan ingentes cantidades de dinero en producir nuevas producciones, éstas han sido productos audiovisuales relativamente habituales entre mi generación e incluso algunas anteriores (¿no eran, acaso, Vacaciones en el mar o Con ocho basta series?) y que, por tanto, lo verdaderamente novedoso es el ruido que generan. MASH, Canción triste de Hill Street, Luz de Luna, Treinta y Tantos, El Equipo A, por citar algunas que me vienen a la cabeza y que, no sé por qué, parece como si estuviesen en otra categoría respecto a las actuales.

Y, a pesar de todo, también recuerdo otras cabeceras, no ya de ahora (la oferta es tan ingente que ni me lo planteo), sino antiguas que tampoco he visto; yo qué sé, Friends o Frasier, por decir alguna. Dicho esto podría concluir que, tanto antes como ahora, nunca he sido un gran seriéfilo. Pero, aún así, supongo que por acabar ayer Juego de Tronos (¿no os parece que le sobran dos o tres temporadas?) y por preguntar hoy por ahí recomendaciones al respecto, pues como que me ha inspirado para abrir una nueva Lista Tonta y hacer memoria de cara a elaborar un top de series favoritas con el que concluir este infonesivo post. Una lista, admitiré, tampoco especialmente pensada, con algunos nombres recientes y surgida un poco a bote pronto. Aunque sí creo que el podium lo mantendría si la volviese a hacer otras ochenta veces. Vamos a ella.

1.- THE SIMPSON
2.- THE WIRE
3.- LOS SOPRANO
4.- CREMATORIO
5.- BÚSCATE LA VIDA
6.- THIS IS ENGLAND
7.- EL PRÍNCIPE DE BEL AIR.
8.- FUTURAMA
9.- YEARS AND YEAR
10.- THE VIRTUES
11.- MATRIMONIO CON HIJOS
12.- PERIODISTAS

Imagen vía: Paredes que Hablan

Cosecha del 19. Las pelis (y series)

Mirad qué ridículo: empecé a pensar que cómo iba a presentar yo ante la audiencia de Cienfiebres una lista de películas habiendo visto solamente UNA producida este año. Así pues, decidí adelantar la lista de los discos y dejar un tiempo para ver algún film de 2019. De esta forma, en las últimas 48 horas he tenido (o he generado) la oportunidad de ver dos de los títulos más aclamados de este año que hoy toca a su fin. Insisto: RIDÍCULO, ¿verdad? En mi descargo diré, como le comenté ayer a Diego (uno de mis prescriptores cinematográficos de cabecera), que, no sé por qué, este año me había surgido la necesidad o el ansia de ver determinadas cintas y, entre ellas, las dos últimas que he visto estos dos días. Por ello, el venir a publicar aquí mi cosecha de pelis (y series) ha servido de acicate definitivo para verlas. Ridículo.

En fin, que Salvo Toy Story 4, hasta el domingo no había visto ninguna película producida este año. Ahora sumaremos Érase una vez en Hollywood y Parásitos. Es lo que hay. Ya he dicho muchas veces que no soy cinéfilo, que no acostumbro a acudir a las salas de cine y que, además, tengo que compaginar el visionado de películas en casa con niños, cansancio, sueño, libros, fútbol, discos y series. Sí, en ese sentido, este año creo que ha sido el año en el que he desembarcado con cierta profusión al hype audiovisual de los últimos tiempos.

En definitiva, que haciendo recuento, este 2019 he visto un total de 18 películas, sólo tres de este año y – sombra negra de confesión sobre mis ojos – lo que más me ha gustado de las 18 han sido dos de las grandes obras de la filmografía de Woody Allen: Desmontando a Harry y Annie Hall. Sí, creo que casi todo el mundo tiene razón cuando las califican de obras maestras. Obras maestras que, insisto, las he visto por primera vez este año.

Del resto de lo que he visto, un poco de todo, unas cosas mejores y otras peores. Puestos a hacer una lista, las que más me han gustado de las 18 serían:

7.- Mamma Roma (Pier Paolo Pasolini)
6.- Madre / El Reino (Rodrigo Sorogoyen)
5.- Toy Story 4 (Josh Cooley)
4.- El graduado (Mike Nichols)
3.- Parásitos (Bong Joon-Ho)
2.- Desmontando a Harry (Woody Allen)
1.- Annie Hall (Woody Allen)

Y, como he dicho, este ha sido el año que más series he visto. Confieso que no quedar excluido en determinados foros y conversaciones me ha empujado a ello, aunque luego siga realmente apartado de las mismas porque siempre llego tarde a ellas. También me ha atraído la temática de algunas, las críticas y demás. Y sí, hay que confesar que hay cosas realmente buenas y con las que he disfrutado muchísimo. Mi lista al respecto sería:

4.- Así nos ven (Ava DuVernay)
3.- Chernobyl (Johan Renck)
2.- The Virtues (Shane Meadows)
1.- Years and years (Rusell T Davies)

Los muy perspicaces apreciarán que las cuatro entrarían en el subgénero de ‘mini-series’ ya que, si no equivoco, todas ellas tienen cuatro capítulos de duración. ¿Casualidad? No lo creo. En este sentido, apuntar que este 2019 he empezado a ver el fenómeno del fenómeno de las series de los últimos años, esto es, Juego de Tronos y que me he visto las seis primeras temporadas. Supongo que a lo largo del 2020 me veré las dos restantes y ya podré hablar con la gente al respec… oh, wait!

Otra vez admirando a malos despreciables

Ha vuelto a pasar. El protagonista malvado me ha vuelto a encandilar. Lo han vuelto a humanizar y he empatizado con él. Lo han vuelto a hacer. Esta vez ha sido con un personaje que, a priori, tenía todos los ingredientes para que nos asquease constantemente: un político corrupto, chulo, engarzado en un sistema y en una estructura podrida. Esos políticos que nos sirvieron y nos sirven, muchas veces con razón, como gran chivo expiatorio. Los objetivos de muchas de las reclamaciones del 15-M. Los que nos han robado a manos llenas y, sin embargo, muchos se han ido de rositas y, a causa de sus vilipendios, se ha tenido que pagar sus destrozos mediante recortes y demás. Pues eso, un político corrupto.

Un político corrupto que ahora nos ha caído guay. El político corrupto en cuestión era Manuel López Vidal, al que da vida el actor Antonio de la Torre, protagonista de “El Reino” (Rodrigo Sorogoyen, 2018), la premiada película que recuerdo haber bautizado como “thriller-rave” trepidante y en la que, como decía, el malvado se convirtió en bueno como por arte de magia o, más bien, porque acabamos identificándolo como cabeza de turco del poder establecido y como el único capaz de hacer caer a todos los malos.

Perdonen que utilice un lenguaje tan infantil para describir o clasificar a los personajes de una historia. Malos y buenos. Suena anticuado. Suena a indios y vaqueros. Suena a cine del siglo XX. De hecho, son miles los títulos que hicieron saltar por los aires esas dicotomías. También en el siglo XX. Afortunadamente, que una producción te descoloque de esa forma es algo digno de agradecer.

Pero volvamos a El Reino. Su prota era malo. Objetivamente malo, al menos en lo que a delinquir se refiere: robar, mentir, extorsionar, sobornar, sin tener necesidades para hacerlo y, además, jactándose de ello e, indirectamente, burlándose de sus víctimas, es decir, de la ciudadanía. O sea, malo. Y, sin embargo, ahí nos tienen las víctimas, sufriendo por él, por sus azarosas circunstancias.

La cuestión es que recuerdo otros casos así. Recuerdo otros personajes de ficción que no sólo me han hecho sufrir por lo que les pudiese pasar sino que he llegado a admirar. Ahora mismo me viene a la cabeza un nombre y un apellido: Tony Soprano. Capo de la mafia, responsable de asesinatos, extorsiones, corrupción, proxenetismo, putero, instigador de palizas, de fraudes, de crimen organizado… objetivamente malo. Malo como la tiña. Y fan, muy fan de él. Fan de póster y camiseta. Tony Soprano en plan estrella del pop. Personajes horribles desde un punto de vista moral, pero que sus creadores, mediante sugestivas técnicas, nos transforman en los más atractivos.

Y esto hablando de personajes de ficción aunque estén basados en personajes de verdad. Pero, ¿qué me dicen de los reales o de los directamente inspirados en reales? Me viene a la cabeza, un clásico en estas lides,el del asesino Charles Manson, modelo arquetípico de estrella pop. Más recientemente ahí tenemos el ejemplo de Sito Miñanco y su personaje en Fariña, la celebrada serie televisiva basada en el exitoso libro de Nacho Carretero. O también podemos hablar de Pablo Escobar, el narcotraficante colombiano y la revisión de su figura en la serie de Netflix Narcos. Malos, malísimos pero, tras su versión televisiva, admirados, admiradísimos. Hasta tal punto que, en el caso del delincuente gallego, las madres contra la droga han puesto el grito en el cielo por esa especie de exaltación popular que se ha generado alrededor de un tipo que causó estragos entre la juventud gallega durante décadas. Y supongo que tienen razones para quejarse, ¿no?, más allá de que nos mole el look, los coches, las formas, el carisma de Miñanco en la mencionada producción

Por tanto, ¿qué atractivo nos proporcionan estos malvados para tenerles estima en una película, en una serie?, ¿qué hay de nosotros en ellos? A lo mejor, representan esas perversiones internas que, en general, no llevamos al acto pero que ahí están. Quizá responda a que ellos emergen como reactivos ante poderes establecidos (¿anti-sistemas?) aunque por el camino rompan con determinadas normas de convivencia comunes. A lo mejor son fagocitados y convertidos en producto de consumo por la industria, como una moda más, como una tendencia más dentro esa contracultura que desde hace décadas convive (¿compite?) con la cultura sin prefijo.

En fin, que no es mi intención elaborar aquí una disertación excesivamente profunda al respecto. Sin más, como decía, no deja de sorprender la habilidad de los directores y guionistas para hacernos empatizar con malvados, para humanizarlos. Quizá esto también hable bien de nosotros. Y de ellos. No lo sé. Ante esa capacidad (de creador y receptor) cabe decir también que quizá empiece a estar un poco manida, que quizá empiece a estar ya muy visto esto de hacernos querer al malvado. Es por ello que, volviendo al motivo que me ha empujado a escribir esta pseudo-reflexión de chichinabo, esto es, la película El Reino, mi fiebre se desbordó al encontrarme con un acto final en ella que…

… ATENCIÓN, SPOILER!!! SI NO LA HAS VISTO DEJA DE LEER AQUÍ!!!

… que me dio un buen tortazo. El film de Sorogoyen concluye con una entrevista en directo de una periodista con el mencionado político corrupto. Ese delincuente que, durante el metraje, se nos convierte en héroe por querer revolverse contra todos sus compinches y la organización que siempre les ha amparado y con el que empalizamos por ser una especie de víctima. La intención de él en la misma era hacer públicos nombres y cargos manchados como él pero se ve que los brazos del poder son alargados y ya habían tocado las teclas necesarias para conducir la entrevista de forma que sus denuncias quedasen apagadas. Las preguntas que, en un principio, creía iban a estar orientadas a, simplemente, dar difusión a sus pruebas, se tornan inocuas y él, en una especie de último acto de constricción, se rebela nuevamente y se enfrenta a la periodista. Ésta que, efectivamente, recibía instrucciones desde arriba por el pinganillo, finalmente, decide quitarse el aparato de la oreja, dejar de seguir sus órdenes, no para, en un acto de cierta justicia, dar pábulo al entrevistado, sino para, en definitiva, decirle “mira, tío, no vengas aquí a darnos lecciones morales porque has sido un hijo de puta que has robado a espuertas”. Y esta periodista, que en el inicio de la entrevista parece una marioneta más del poder, nos sacude a los espectadores un sopapo para hacernos ver que, efectivamente, ese delincuente que hemos admirado y que tan bien nos ha caído durante tres cuartas partes del metraje, es un malo, un malo que merece nuestro desprecio. Y eso, en definitiva, a veces, se empieza a echar de menos, por mucho que nos guste admirar a los malos.

Cosecha 2018. Las pelis.

Déjenme que les recuerde que no es el cine una de mis fiebres más intensas. Este hecho provoca que, por ejemplo, no sea, ni mucho menos, un asiduo a las salas (creo que este 2018 he ido tres veces al cine) ni que esté pegado a la actualidad ni a los estrenos por lo que la mayor parte de los títulos que mencionaré y a los que (miren, este año innovaré en ese sentido) otorgaré ciertos premios, no se corresponden con filmes estrenados en este casi finiquitado curso, sino, simplemente, son las películas que he visto este año, que, si mis apuntes no me fallan, han sido un total de 28.

Para niños (o no): el premio es para “Coco” (Lee Unkrich, 2017). Sí, ya sé que es del año pasado pero la vi hace muy poco y me emocionó infinito. Cerca se queda la segunda parte de “Los Increíbles” (Brad Bird, 2018) y he de hacer una mención especial a las sagas de Toy Story y Cars (en ambos casos, sobre todo el segundo, son las películas que más veces he visto este año).

De aquí: “Verónica” (Paco Plaza, 2017). A mi modo de ver, la película de Paco Plaza debería ser YA un clásico, a nivel internacional, del género de terror. Mención especial a “Handia” (Jon Garaño, Aitor Arregi, 2017), quizá arrastrado por mi intensidad con el euskera de este año, gran fiebre idiomática, por razones de fuerza mayor, vale, y porque, a ver: la peli está que te cagas. También me gustaría destacar “Vico Bergman” (Chechu León, Diego Pérez, 2017), porque me flipa tener amigos que hagan cosas tan bellas en esta disciplina (gracias, Diego) Y sí, “Campeones”, la de Fesser, está muy bien y tal pero, aunque me gustó, no me ha hecho disfrutar tanto como las otras.

El Pop: varios documentales con la música como protagonista han caído (“Glastonbury”, “Upside-Down: the story of Creation Records”, “The Wigan Casino” y “Pulp: vida, muerte y supermercados”, que recuerde) y el que más me ha gustado de ellos ha sido “Upside-down: the story of Creation Records” (Danny O’Connor, 2010), supongo que por reafirmar mi creencia (mi certeza) de que el sello Creation ha sido el mejor de la historia. Cerca se ha quedado, admito, el documental sobre Pulp, que me enfebreció muchísimo.

El GOL: el premio va directamente a “El equipo de mi barrio” (Rafa de los Arcos, 2017), documental dedicado al gran Ciares (pure Northern Football) Se lo lleva porque, en realidad, es la única película de temática futbolera que he visto (igual antes de que acabe el año veo el ¿biopic? sobre Steven Gerrard, aviso) y porque está realmente bien.

Cine Eduso (o sea, relacionadas con “lo social”): el premio se lo lleva la ficción “Custodia compartida” (Xavier Legrand, 2017). Podría optar también al honor de ser la mejor película que he visto este año pero la incluyo en esta categoría por su temática (violencia de género, relaciones paterno-filiales) tan asociada a mi curro, aunque podría ser un título que, sin duda, también encajase en el género terror. Optaron a esta categoría también: el documental “Last men in Aleppo” (Firas Fayyad, 2018) y, obviamente, “Yo, Daniel Blake” (Ken Loach, 2016)

Guerracivilista: me disculpan el nombre de la misma por si alguien se asusta, pero conocida mi fiebre al respecto, de vez en cuando, veo filmes sobre dicha temática. Destaco dos que comparten premio: “Experimento Stuka” (Pepe Andreu, 2018) y el también documental de 1963 “Morir en Madrid” (Frédéric Rossif)

Ida de Olla: el premio ex aequo es para “La Edad de Oro” (Luis de Buñuel, 1930) y “El Sacrificio de un ciervo sagrado” (Yorgos Lanthimos, 2017) Sí me gustaría hacer una mención especial a la película del griego Lanthimos ya que la vi apenas dos horas antes del nacimiento de mi segundo vástago… ¿Casualidad? No lo creo.

El truño del año: sin duda (casualmente, la vi en el hospital, durante la 1ª noche con Telmo y la dejé de ver por vergüenza no porque el recién nacido lo provocase) este dudoso honor va para “Mejor otro día” (Pascal Chaumeil, 2014), la adaptación del libro de Nick Hornby “En picado”. Qué cosa más chunga, por favor. No quiero dejar de mencionar en esta categoría lo decepcionante que me pareció “Perfectos desconocidos” (Álex de la Iglesia, 2017)

Otras: para acabar, me gustaría citar cinco filmes que he disfrutado mucho este 2018: “Detroit” (Kathryn Bigelow, 2017), “Wind River” (Taylor Sheridan, 2017), “Fuerza mayor” (Ruben Östlund, 2014), “Los papeles del Pentágono” (Steven Spielberg, 2017) y, sobre todo, “The Florida Project” (Sean Baker, 2017), posiblemente la película que más me ha gustado de este año (junto a las ya mencionadas “Verónica”, “Coco” y “Custodia compartida”)