Fragmentos Oníricos. 3 y 5 de enero de 2021.

No me suelo acordar de lo que sueño. Me fastidia porque, aunque a veces pueden ser desagradables o molestos, me parece algo fascinante. Por eso y por algo que leí hace poco en no sé dónde, me he puesto como propósito para 2021 crear un Diario Onírico; un registro de mis sueños en una libreta que dejo en la mesilla o en el móvil, de las imágenes que recuerdo de ellos según me levanto. Y trasladarlas aquí, a Cienfiebres, claro.

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Donde hay confianza da asco

No sé si a vosotros también os pasa, pero creo que somos demasiado exigentes con las personas que tenemos más cerca. Lo pensé el otro día al acabar la lectura de un libro escrito por un autor conocido y al que aprecio. Tengo la sensación de que lo leí presto a encontrar fallos, a detectar errores, predispuesto a darle más caña. Creo que es un comportamiento inconsciente que no me surge ante las obras de escritores a los que no conozco personalmente. Es como si por el hecho de que sea una persona cercana quien ha tenido la facultad de conformar una historia por escrito, haya que atribuirle una especie de presunción de culpabilidad.

Podría decir lo mismo de amigos o amigas que forman parte de bandas de música. Escuchas sus composiciones con mirada aviesa, con el ceño fruncido, con una actitud más crítica, preparado para despellejarlo. Y, evidentemente, es importante cómo se encara, con qué predisposición se afronta una audición o una lectura. Porque luego puede sorprenderte, sí, pero hay muchas probabilidades de que la expectativa negativa se cumpla. La profecía autocumplida y tal.

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Primeros peros de 2021

1 de enero de 2021.

Me he despertado muy pronto. No me acosté demasiado tarde, pero sí lo suficiente como para considerar que he madrugado en exceso.

Un leve dolor de cabeza me recuerda que bebí bastante vino. No demasiado, pero sí lo suficiente como para llevarme a pensar en las monstruosas resacas de hace años a las cuatro de la tarde de año nuevo.

Mirando por la ventana compruebo que no hay demasiados restos de serpentinas, guirnaldas, fragmentos de petardos. La calle no está excesivamente sucia, pero sí lo suficiente como para intuir que anoche fue Nochevieja.

Mirando por la ventana veo que, para ser año nuevo a las 09:00 de la mañana, hay bastante gente haciendo deporte y paseando al perro. No es tanta como cualquier otro día, pero sí la suficiente como para adivinar que esta no ha sido una despedida de año como la de otros años.

A eso de las 07:15 de la mañana, pero siendo aún de noche, he oído a un grupo de chavales y chavalas hablando en un tono elevado debajo de casa. Me he asomado y ahí estaban, vestidos de gala, con signos de embriaguez. Me ha molestado, lo admito, la irresponsabilidad de estos chicos y chicas saltándose las normas impuestas por la pandemia; y también el ser consciente de que habrán proliferado los cotillones clandestinos, pero no puedo evitar empatizar con su momento, con su edad, con sus ganas de fiesta y entender su (tópica) tendencia a saltarse las normas del mundo adulto (y eso que, seguro, en general, la mayoría de jóvenes habrán cumplido)

Arranco 2021 con peros.

Buenos días. Feliz año.

* ¿La imagen? De las Paredes que Hablan, claro.

En Lontananza. ¡Feliz 2021!


Aprovechando unos recados de última hora, grabo un audio para desearos un FELIZ AÑO; lo empleo para hacer un SEOISMO y recordar cómo eran las mañanas de nuestras nocheviejas hace 15 o 20 años (y apenarme ahora por esos chicos y chicas que andarían esperando con ansia una noche tan especial como la última del año viejo, la primera del año nuevo, y que este año de mierda se lo tendrán que pasar en casa).

No lo aprovecho para hacer retrospectiva alguna. Ya lo hice en Cienfiebres Musicales y, yo qué sé, no quiero meter el dedo en la llaga. Además, creo y he constatado que últimamente a diferentes personas, por diferentes razones, les está dando apuro expresar públicamente que para ellas el 2020 no ha sido tan malo. Les honra no jactarse de ello porque son conscientes de que el año, en general, ha sido horrible, pero tiene que ser una puñeta no poder expresar con vehemencia tu felicidad por haber sido madre o padre, por que tu negocio vaya muy bien, por que por fin has tomado esa decisión tan importante en tu vida… una pena. Pero me parece interesante. Prometo dedicarles un post o mirarles En Lontananza en subsiguientes salidas.

En fin, seis minutos y poco, en definitiva, para que tengáis una buena entrada al 21, del que no voy a decir nada, porque el año pasado dije no sé qué de los locos 20 y, madre mía, un poco locura ha sido, sí… Abrazos y besos.

* Imagen desde mi colección de Paredes que Hablan.

LA FIEBRE. Vacunas.

Vaya llorera me pegué el domingo viendo los telediarios. No tanto por las vacunas – que también – sino porque los viejillos y viejillas siempre me despiertan mucha ternura, me emocionan; incluso, desde un punto de vista negativo, me generan un sentimiento paternalista que, bueno, no sé, creo que no funcionaría si tuviese que desempeñarme profesionalmente con este colectivo de personas. O sí, no sé.

Bueno, como he dicho, la llegada de la vacuna Pfizer a España y al resto de Europa y a otros sitios (otro día hablamos de lo que tardará en llegar lugares más desfavorecidos, una injusticia más) también contribuyó a mi mar de lágrimas. Pocos minutos después de ver en directo cómo se administraban las dos primeras dosis, escribí esto:

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