Cienfiebres Musicales #82. Supercontagiadores: Alex Subinas y la historia de Soul 4 Real.

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La próxima semana, concretamente los días 29 y 30 de septiembre y 1 y 2 de octubre, Bilbao acoge una nueva edición del Soul 4 Real Weekender, evento consagrado al soul, con gran trayectoria y que desgraciadamente para los aficionados a estos sonidos, será la última vez que se celebre.

Para hablar de este hito, para repasar ediciones anteriores, para comentar las novedades de los sellos Soul 4 Real Records y Jai Alai Records, para hablar de soul, en definitiva, y contagiarnos, por supuesto, con auténticas gemas del género, contamos con la presencia de don Alex Subinas, responsable de que gran parte de la banda sonora de este episodio sea la siguiente:

WILLIE WALKER AND THE BUTANES: I feel it
BETTYE LAVETTE: Let me down easy
DAVID SEA: Back in the day
JAMES CARR: The dark end of the street
THE MASQUERADERS: I ain’t gonna stop
MARY WELLS: Love letters
CHIC: Good times

HURRICANE #1: Step into my world
BRIAN JONESTOWN MASSACRE: Caress
STEREOLAB: The flower called nowhere

PETE BELASCO: One

THE SHOW STOPPERS: Ain’t nothing but a house party
LEON HAYWOOD: Mellow Moonlight
SAULT: Masterpiece

Cienfiebres Musicales #81. Las Febrículas del Verano del 22.

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Nueva temporada, nueva etapa. Regresan mis Cienfiebres Musicales y lo hacen, como podréis comprobar, sin grandes novedades, pero con una buena colección de canciones que vienen a poner banda sonora a lo que han sido mis calenturas estivales. Suenan:

LOS ENEMIGOS: Septiembre
VVV (TRIPPIN’ YOU): Odiar frontal
SUPERACID: Gritar sin voz
GIGOLO AUNTS: Half a chance
IMPACTO VUDÚ: Líneas tangentes
LAGUNA GOONS: Cuatro perros locos
TEENAGE FANCLUB: Don’t look back
STEREOLAB: Spool of collusion
PULP: Do you remember the first time?
INSPIRAL CARPETS: This is how it feels
JOHNNY HALLYDAY: Le monde entier va sauter
LOS PATOS: Absenta
THE WAKE: Heatburn
HOLCOMBE WALLER: Bored of memory

VOSOTRAS VERÉIS: Fantasma
DIONNE WARWICK: Meant to be
IRMA THOMAS: Turn around and love you
ROBYN HITCHCOCK: The Shuffle man

DR. EXPLOSION: Surf talibán
HAPPY LOSERS: Alexandria
LCD SOUNDSYSTEM: All my friends

Diario Vacacional (¿post?) Pandémico. Y siete.

¿La última foto de las vacaciones? A una salamandra, por qué no, aunque no se aprecie bien.

La familia descansa tras el cansancio inherente al viaje de vuelta. A nuestro regreso, también tengo terraza, wifi, alcohol y tabaco. La gran diferencia es que cambiamos los radiantes cielos mediterráneos por un brumoso ambiente cantábrico que, afortunadamente, ha originado que bajen las temperaturas que, por lo que nos han dicho, hasta hoy, han sido infernales por estos lares norteños. Tengo eso y me rodea el citado ambiente y, con todo, toca cerrar este Diario Vacacional (¿post?) Pandémico, edición 2022.

Curiosamente, este año, aunque cuando decidimos el destino veraniego sí circuló por mi cabeza esta especie de crónica de nuestro retiro menorquín, conforme se acercaba el viaje no lo veía del todo claro, no estaba especialmente motivado. Sin embargo, los comentarios de diferentes amigos y conocidos, animándome a reeditar este diario, finalmente me llevó a hacerlo. Lo que quiero decir, en definitiva, es que la motivación de este diario estival ha tenido, al principio, un carácter extrínseco. Sin embargo, con el paso de los días he vuelto a gozar haciendo estos personales relatos de lo que es pasar unos días de asueto en un complejo hotelero dedicado al turismo familiar, obteniendo, a la postre, una motivación fundamentalmente intrínseca.

Curiosamente, esta particular sensación respecto a sentarme a escribir estas bobadas, ha ido a la par con mi percepción de nuestra estancia en dicho espacio. Creo que algo así os vine a contar en la entrada del tercer día de este diario. La rutina vacacional, la repetición de las actividades, un extraño sentimiento como de… no sé como decirlo… ¿decadencia?… se apoderó de mí y de la Dueña en las primeras jornadas… ¿qué cambió para que a partir, diría yo, del tercer día esa percepción empezase a cambiar, para que empezásemos a disfrutar un poco más de estas reiterativas vacaciones?

Pues la verdad sea dicha, no lo sé. Creo que el disfrute absolutamente sencillo de la playa (este año la hemos disfrutado mucho más que el año pasado), sin pretensiones, el mero hecho de jugar con los críos a las palas sin control, las conversaciones con algunos convecinos, el ver disfrutar a los niños con iguales… pues no sé, supongo que la gran clave puede ser esa. Es decir, si ellos disfrutan, hay un alto porcentaje de que nosotros disfrutemos. Que sí, que podríamos aprovechar a hacer otras cosas, otros planes, otras historias… sí, claro, y las haremos (y las hacemos) y nos buscaremos nuestros huecos propios, personales, no familiares… pero todo eso siendo conscientes que, del mismo modo, seguramente, repetiremos este plan, al igual que lo hemos repetido este año.

Así pues, ¿qué decir de la última jornada? Pues no tomé muchas notas en la clave de los días anteriores… y nada… pues que nos ha dado mucha pena no despedirnos de Anna, la niña italiana, y sus padres, encantadores; que a Nicolás le ha dado mucha rabia tener que marcharse y no poder seguir jugando con los amigos gallegos que ha hecho; que tendremos que aprender a hacer el cocktail San Francisco en casa y tomárnoslo Ana y yo a cara perro mientras los críos ven una peli… y poco más, que, al final, se ha disfrutado de esta semana, que he disfrutado de este diario y que espero no haber aburrido mucho al personal. Supongo que este tipo de textos, igual que este tipo de vacaciones, los repetiré en el futuro. Hasta entonces, pues.

Diario Vacacional (¿post?) Pandémico. Seis.

La otra mascota del hotel, compañera de Maia. Es la del medio, conste.

16 de julio. El Carmen, patrona de Santurtzi y de muchas localidades marineras. Festividad, en definitiva, de las gentes que viven en directa relación con la mar. Pese a estar instalados durante seis días en una localidad que vive de cara a dicho elemento, no hemos detectado ningún homenaje a dicha virgen. Igual el tema es que aquí el turismo lo fagocita todo. Quizá por estos lares no tiene mucho sentido festejar al Carmen. Aunque, bien pensado, tampoco le veo yo mucho sentido que la festividad en la que se desarrollan las fiestas de Barakaldo sea ésta y así ha sido, es y está siendo.

El mismo sentido como que emerja mi yo wannabe el anhelo de ser una especie de lobo de mar sólo porque esté disfrutando de la playa, porque vaya descalzo por la calle o porque esté disfrutando viendo como los peces nadan a nuestro alrededor. Yo ya me monto mi película imaginando que pillo una barquichuela, que voy todo el día descalzo y que visto camisas color añil. El Cienfebrismo es esto, amigos. Tranqui, se me pasará enseguida.

Escuchamos el «Cumpleaños feliz» de Parchís a todo trapo cuando entramos a comer. Y Telmo se queda paralizado al ver a Maia. Poco os he hablado estos días de Maia. Que quién es Maia, os preguntaréis con interés. Pues Maia es una de las mascotas que la chavalería residente en el hotel tiene a su disposición para hacerse fotos, para celebrar los aniversarios y para bailar con los niños y niñas en la mini-disco. Muy bien todo, hay que pensar en los críos y tal, pero con quien más empatizo estos días de canícula es con la persona que, con resignación, ha de embozarse el disfraz del compañero del personaje de la foto (la estatua, no los otros) y hacer algunas de esas actividades que os menciono. Honor y solidaridad para con él o ella. Imagino que mientras hace feliz a los infantes, el susodicho, sudando la gota gorda, se estará cagando en todo.

¿Os acordáis de Anna, la niña italiana del dos? Pues al final, resulta que sus padres son casi con los que más amistad hemos hecho estos días. Una pareja encantadora con la que, al final, hemos compartido cervezas y conversaciones no muy fluidas habida cuenta de las diferencias idiomáticas. Una de las tertulias que más gracia me hizo se desarrolló este día y fue con el fútbol como temática. Paolo, el padre de Anna, es milanista y Nicolás, ni corto ni perezoso, se lanzó a mencionarle un montón de jugadores del actual equipo rossonero. Futbolistas de los que yo apenas había oído hablar y que, sin embargo, el compañero italiano afirmaba a la par que me miraba con gesto de sorpresa ante los conocimientos balompédicos de mi chiquillo. Como os he dicho muchas veces, quizá, sólo quizá, se nos ha ido un poco de las manos el tema del fútbol y Nico.

¿Os acordáis de la gaviota ladrona del año pasado? Pues no sé si sería la misma (obviamente, supongo que no), pero ayer una de estas aves de la familia charadriiforme laridae volvió a aventurarse al recinto turístico cual kamikaze nipón de la segunda guerra mundial para guindar, atención, un plátano. Sí, amigos. La alada ladrona se posó en la mesa de una de las terrazas de las habitaciones y, ni corta ni perezosa, engulló una banana cual boa constrictor zampándose, yo qué sé, un armadillo. Una escena brutal que, todo sea dicho de paso, sirvió para que pudiésemos calmar a Telmo que momentos antes se había producido una herida en la mano y aún andaba asustado hasta que vio a la gaviota zampabananas.

¿Os acordáis de la inacción de los niños y niñas ante el flagrante recorte en el metraje de la peli que vieron el pasado jueves? Ay, cuánto tienen que aprender de las viejas generaciones. Y lo digo porque, minutos después del ataque gaviotil, una abuela sexagenaria defendía con uñas y dientes su derecho a tirarse por el tobogán del parque acuático. Y lo hacía porque justo cuando ya estaba arriba, presta a lanzarse por el verde, el del túnel, dieron las siete de la tarde, hora marcada para apagar los chorros y cerrar los toboganes. Uno de los socorristas subió a la parte superior a conminar a la veterana bañista a que abandonara la atracción, demanda que la abuela no contempló como aceptable y con vehemencia acabó convenciendo al joven para poder deslizar sus ajadas carnes, con absoluta exclusividad, es decir, ella sola, nadie más en derredor, por el deslizadero. Una victoria más del movimiento pensionista patrio.

Penúltima noche de nuestras vacaciones por Menorca. Última para nuestros convecinos de Barakaldo que al día siguiente regresarán a nuestro pueblo, el cual, según nos cuentan arde de calor como buena parte de la península. Aprovechamos que la hija de ellos y los nuestros veían un espectáculo de pompas de jabón, para echar unos tragos con ellos, hablar de amistades comunes, de farras, de txokos, del Tour de Francia y demás. Un placer también haber coincidido con ellos y ya la siguiente vez que les veamos será por el barrio.

No quiero cerrar esta entrada del diario sin hacer mención a una luctuosa noticia que, desgraciadamente, me llegaba a primera hora de la mañana y que, de alguna manera, ha marcado un poco la jornada pese a todo lo relatado. Este 16 de julio, día del Carmen, ha fallecido Juanma, un ex compañero de trabajo que apenas llevaba 3 o 4 años jubilado. Hago mención porque este hombre era el típico tío afable, majetón, colaborador, la típica persona carismática que, casi sin querer, dejaba huella en todos los que le conocían. Una persona que, desgraciadamente, se ha ido siendo aún bastante joven, quedándole mucho por disfrutar, algo por lo que, precisamente, creo yo que será recordado, por ser un gran bon vivant. En fin, una pena. Goian bego.

Diario Vacacional (¿post?) Pandémico. Cinco.

Es una caña: estamos cerca de Thalassa.

Hemos comprado palas para la playa. Unas palas con una salamandra impresa en ellas y la leyenda de Menorca. Creo que ha sido una sabia decisión. Ha provocado que la mañana haya sido más amena. También que hagamos deporte más allá de los conatos acuáticos. Que tiemble el triatleta del que os hablaba ayer, ya que con los ejercicios aeróbicos jugando a las palas, pronto me pongo a su nivel.

De hecho, hoy, mientras escribo esto, tengo agujetas. Y me digo que, al menos, son agujetas. Me explico. Ayer tuve un par de atisbos hipocondríacos que, por supuesto, paso a compartir:

  1. Pinchazo en rodilla derecha mientras, precisamente, jugaba a las palas. Es decir, en mi cabeza, rotura fibrilar importante, que conlleva pasar por el quirófano de urgencia, con el consiguiente ingreso en un hospital insular y la consecuente fase de rehabilitación en aguas termales menorquinas (oigan, visto así, no suena tan mal…)
  2. Quemazón solar importante en mis hombros, los cuales tengo rojos como un jugoso y maduro tomate. Obviamente, podemos proyectar desde ampollas sanguinolentas derivadas de las quemaduras hasta un cáncer de piel.
  3. Esta es la que más me ha rallado porque el afectado ha sido mi chiquillo pequeño. Jugando con él en el agua, se me ha resbalado y para evitar que cayera de cabeza desde mi altura, le he sujetado con fuerza y, al parecer, le he hecho daño en la zona pectoral. Telmo no suele ser un crío que se queje mucho, pero esta vez se ve que le he hecho daño y yo ya me he puesto en roturas de costillas, perforaciones pulmonares y demás. Ay, qué cruz la mía.

No tengo mucho más que contaros hoy, queridos lectores. Precisamente, hablando de leer, uno de los momentos más placenteros que obtuve ayer fue el de meterle un buen tute al libro que me he traído estas vacaciones. Aproveché para ello la siesta de Telmo (a la vez que me fijaba si respiraba bien) y que Ana y Nicolás estaban en la piscina. Asimismo, ya enganchado a su lectura, mi plan al salir de la habitación fue el de aprovechar que nuestras hamacas estaban a la sombra para seguir leyendo, sin levantarme de ese sitio más que para coger algún que otro refrigerio. O sea que, esa actitud deportiva que me había surgido al comprar las palas ya se ha ido al garete y, nada, que otro año sin hacer triatlones.

(Por cierto, para los curiosos, el libro en cuestión es ‘No digas nada’ de Patrick Radden Keefe, un voluminoso ejemplar de una aclamada especie de non fiction novel que relata el conflicto norirlandés y que, de momento, me está enfebreciendo)

En esos momentos de lectura, levantando la vista de las páginas, comprobé que Nicolás había hecho un par de amiguillos. Un crío y una cría (Hugo y Claudia) con los que pasó un rato francamente divertido. Apenas nos quedan dos días que espero comparta con ellos porque, como digo, se lo pasó muy bien. De hecho, creo que le hubiera venido guay haber tenido alguna amistad así desde unos días antes, pero, claro, esas cosas surgen o no, y nosotros no somos muy de forzar ese tipo de situaciones.

Claudia y Hugo, todo sea dicho de paso, son de Galicia. En un análisis demográfico de chichinabo tendente a clasificar las procedencias ibéricas de los residentes en el complejo menorquín, diría que los vascos y vascas ganamos por goleada, seguidos por nuestros hermanos cantábricos de Asturias, quizá luego una amplia colonia andaluza, así como de gallegos y catalanes. Si a partir de estos datos sin ningún tipo de base científica, ustedes son capaces de extraer algún tipo de lectura en clave sociológica y territorial, será un placer leerlos en el espacio destinado a los comentarios.

Hemos vuelto a jugar al billar. Les he vuelto a barrer. Ana les ha dicho a los críos que es que he ido mucho a los billares. Ojalá. Esa imagen de canallita fumando a saco en unos recreativos ochenteros, con cadena a modo de llavero y demás parafernalia quinqui, tiene su punto atractivo, pero no encaja para con mi persona o, al menos, con la generación a la que pertenezco, la cual sí que acudimos mucho a salas de juego, en las que por supuesto, abundaban los macarras, pero, no sé, era otro rollo respecto al concepto que yo tengo del espacio BILLARES.

(De nuevo para los más curiosos, la imagen que acompaña esta entrada es un azulejo que está junto a la puerta de entrada de una preciosa casa que está junto a la playa a la que vamos. Me ha llamado la atención desde el primer día, su grafismo, sus letras y el nombre, Thalassa, el cual me sonaba y para el que, finalmente, he tirado de Wikipedia)