Diario vacacional pandémico. Cinco.

Este selfi mola más.

El cinco. Sin rimas. Chiste malo, lo sé. Sin beber, sin fumar, la familia duerme, etcétera. Me callo ya, vale. Vamos allá.

Ha llegado (creemos que lo hizo ayer… ¿noto un cierto tono como de cliente veterano?) una chica al hotel cuya aparición ha sido fulgurante. Arrolladoramente sociable. Un ciclón. Se trata de una chavala de unos treintaypocos calculo yo, italo-vietnamita, residente en Madrid, pero que ha vivido unos años en Nueva York, que ha estado en Bilbao (en una boda en el Carlton) y que está ahora de vacaciones en Menorca con su niña de poco más de un año y su madre (la que le da la parte vietnamita) y que, como digo, NO CALLA ni en español ni en italiano ni en inglés… NO CALLA. Un ciclón. NO CALLA.

Hay una bebé en el complejo que es una preciosidad. Es de nuestros vecinos de al lado, una familia inglesa compuesto por un matrimonio joven, con otra niña más mayor, el mencionado bebé y los padres de la madre. Es una auténtica muñeca y todo el mundo ha de decirle algo (la italo-vietnamita, por su puesto, ya les ha puesto al día). A mí me mola esta familia porque Nico y yo hemos rebautizado al padre de la bebé como Jordan Pickford, por su parecido con el guardameta de la selección inglesa y por los cañones que se trasiega el muchacho; y al abuelo lo imagino como un ex piloto de la RAF, hincha del Crystal Palace, aficionado al whisky escocés (buenos chupitos se mete el caballero por las noches). En fin, cosas mías. Lo siento.

Ver foto. Yendo a la playa. Ayer. Un espejo apoyado en una palmera. ¿Casualidad?, ¿qué sentido tiene?, ¿qué clase de significado supone este hallazgo?, ¿un reclamo feérico?, ¿un pasaje a otra dimensión?, ¿una invitación, efectivamente, a repensar nuestra presencia en un contexto como este?, ¿un recordatorio de la representación invertida de nuestra realidad?, ¿qué diantres? Espero vuestras interpretaciones.

Ya acabo. Esto se acaba. Ayer, al quinto día, a dos del fin de nuestra estancia, me sobrevino una sensación como de asueto total. De desconexión. De que la foto al lado de la entrada en el diccionario de la palabra vacaciones sería la de la nuestra en la hamaca, con un coctel, con los niños jugando en la piscina y despreocupación total. Ya digo, creo que fue ayer el primer día que tuve esa sensación. A su vez, por la noche, sentados en la terraza, tomando un café y viendo un flojo espectáculo circense, me sobrevino la angustiosa sensación de, ay, se acabó la juventud y las noches de verano son esto, se reducen a estar viendo flojos números de variedades rodeados de familias con hijos e hijas. Ay.

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