La Superliga Europea mitiga el dolor por el descenso a tercera

Aunque matemáticamente aún no lo está, el Barakaldo CF va a descender a tercera división. Pese a que nunca es buen momento para bajar de categoría, este descenso se va a producir en el peor momento: justo el año en que se crea una competición nueva (la 1ª RFEF o algo así) por lo que, en realidad, el club centenario de la margen izquierda no va a bajar una división si no dos. Del pozo de la 2ªB (tercera categoría del fútbol a nivel nacional hasta ahora) a las cloacas de la 3ª (cuarta categoría hasta este año, quinta a partir del año que viene). Muy Baraka Style todo.

Un desastre de temporada en lo deportivo que culmina con un más que merecido descenso. Una campaña que sí que se había arreglado un poco en lo económico, parches que veremos si se pueden mantener el año que viene. Porque, claro, a lo peor la gente que se supone que va a poner la pasta en la conversión a SAD puede decir que ellos iban a aportar dinero a la causa gualdinegra en la división de bronce, no en la quinta categoría. Es decir, puestos a ser agoreros, puede que incluso lo que esté en juego con este quasi confirmado descenso es la propia existencia de la entidad como tal. Puede que en vez de bajar a esa nueva tercera, acabemos jugando en no sé qué categoría del fútbol regional. Esperaremos acontecimientos.

Mientras, se ha anunciado la creación de una Superliga europea de fútbol que va a reunir a los doce o a doce de los equipos más ricos, económicamente hablando, del continente. Una competición, por lo que se ha podido saber, casi de carácter privado o exclusivo en la que otros clubes podrán participar si los oligarcas propietarios de esas multinacionales dan permiso, cual noble dando accésit de gracia al vasallo. Un nuevo formato que parece tiene como gran objetivo recuperar o multiplicar los ya de por sí  pingües beneficios que suelen obtener este tipo de entidades, los cuales, pobrecitos, se han debido ver recortados por la pandemia. 

Entiendo que puede sonar un poco hipócrita criticar esta historia y no hacer lo propio con la Champions o la Premier o la Liga o el Mundial de Qatar. Cierto, no son muy ejemplificantes, no son modelos especialmente edificantes, pero es que, para más inri, en el caso de la nueva liga esta, el inherente mérito deportivo que rige casi toda competición (como las de esos organismos), toda competición que, al menos, se caracterice de ser eso, o sea, deportiva, desaparece de la ecuación. Es decir, estos doce la jugarán siempre. Tenemos garantizados partidos televisados del siglo por doquier, eso sí. Partidos protagonizados incluso por equipos que, históricamente, tienen menos títulos que otros clubes que quedarán fuera. Y sí, ya sé que la NBA y la Euroliga de baloncesto son competiciones que se desarrollan de esta forma. Pero bueno, yo el fútbol lo vivo o lo he vivido de otra manera. Igual es que me cuesta entenderlo de esta forma. Me cuesta entender que todo tenga que responder a un show televisado, a un espectáculo.

Personalmente, aunque puedo estar dejándome arrastrar por una corriente… ¿populista?…  este formato me resulta abominable. Me parece una obscenidad de nuevos ricos (aunque sean viejos), una aberrante mercantilización de un ya de por sí mercantilizado deporte, una excluyente ostentación de magnates, de propietarios de fondos de inversión, de dueños de muchos petrodólares que se inventan un nuevo y elitista juego. Porque esto, amigos, para mí no es fútbol.

Volviendo al infrafútbol, asumiendo el descenso de mi equipo favorito, he tratado de ver el lado positivo. Para empezar, me he parado a mirar los posibles rivales del año que viene. Deusto, Santutxu, Gernika, Balmaseda… el derbi de la margen izquierda (si no sube el Sestao), partidos de matinal, campos a los que ir en metro, ataviados, el crío (puede que hasta los críos) y yo, con nuestras bufandas gualdinegras. Partidos con grada a pie de cal, de tertulia con la hinchada rival (fin de la pandemia mediante), de jamada antes o después del encuentro, de poteo previo al match, de entradas baratas (esperemos que no se aprovechen), de identificación con los colores del pueblo, de tu equipo, gane o pierda… otro tipo de show, otro tipo de espectáculo. Esto, para mí, sí es más fútbol.

La aparición de la Superliga europea esa ha reforzado, qué cosas, la perspectiva positiva ante la temporada 2021-2022 del Baraka en la nueva tercera, en la quinta categoría del fútbol nacional. O dicho de otro modo, el anuncio de la Superliga Europea me consuela por el descenso de mi equipo, ya que han aumentado mis ganas de verlo por esos campos tan alejados de los grandes focos.

*La foto se corresponde con la entrada al campo de Las Llanas, el estadio del Sestao River, en el derby contra el Barakaldo, en 2017, duelo que puede que se reedite el próximo año. Quién quiere Superliga Europea teniendo Northern Football, espacio en el que se compartió, en su día, dicha instantánea.

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