LA FIEBRE. Hipocondría.

Yo, de joven, no recuerdo tener miedo a la enfermedad. Sí recuerdo muchos miedos, siempre he sido miedoso, pero no a enfermar. Creo que la hipocondría se acelera o se desarrolla con la edad.

Creo que mi primera relación con la palabra fue a través de un foro dedicado a la escena mod. Luego ya llegó la mancha en una uña del dedo gordo del pie, el hormigueo en la pierna izquierda, los pinchazos en el pecho, la sensación de un bultito en el cuello… y todo con una mujer médico que, a veces, lógico, pobre, tiene que compartir las desgracias que ve en el curro en casa.

Tiene que ser una putada ser médico e hipocondríaco. Es una putada ser hipocondríaco y que tu pareja sea médico.

Afección caracterizada por una gran sensibilidad del sistema nervioso con tristeza habitual y preocupación constante y angustiosa por la salud. La RAE define la hipocondría así. No sé. No me definiría como una persona triste o no tengo claro que mi sistema nervioso lo sea. Tampoco sé si diría que mi preocupación o angustia por la salud es constante. Pero sí tengo claro que a veces sufro, me preocupo o me angustio al respecto. Y a veces, la mayoría de ellas, sin motivo.

Porque sí, porque he llegado a ir al médico, he obtenido su científica respuesta diciéndome que no me pasa nada y, como por arte de magia, el síntoma ha desaparecido. Oh, hermanas y hermanos, creo que soy de los vuestros.

Podéis imaginar, pues, qué maravillosos días estamos pasando con LA FIEBRE. Aunque admitiré, eso sí, que quizá menos de lo que a priori pudiese imaginar. Claro que he notado el cuerpo como larri, que incluso he percibido como que respiro peor o que parece como que toso más, pero no sé, me esperaba un auténtico sin vivir. Quizá sea, como dijo mi amigo Diego, que cuando es algo así, tan global, tan colectivo, tan generalizado, con tanta gente afectada pues como que no es una sensación tan única, tan propia y en ese malestar comunitario como que se sobrelleva mejor. También creo que influye el no sobreinformarse, el evitar los enlaces en los que se detallan los síntomas y el no preguntar en exceso a Ana quien, a su vez, a sabiendas de esta característica mía, pues también evita comentar cosas.

En fin, que este es uno de los trastornos que más colateralmente aparecen estos días y como sé que no soy el único, pues he querido compartirlo aquí para que las personas que lo lean y se sientan identificadas sepan que no están solas y que, al fin y al cabo, mal de muchos consuelo de tontos, pero consuelo al fin y al cabo.

Y antes de darle a guardar, buscar la foto y subirla y demás… ¡¡Jon, eres un jabato y ya lo tienes chupao!! ¡¡Aúpa Rosa, qué bueno que ya estés en casa!! Y a mi chica, Ana, y todas sus compañeras y compañeros del hospital y de todos los hospitales, que sabéis que prefiero no veros ni en pintura en una relación profesional-paciente pero que ¡¡SOIS LA HOSTIA!!

Barakaldo, 1 de abril de 2020.

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