Cienfiebres Blogcast #1. The Times.

Amo la radio. Tenía como propósito hacerme un podcast, pero hasta que no pueda garantizar una hora o 45 minutos de soledad en la que nadie me moleste y yo no despierte a ningún niño, no puedo hacerlo. Cuando lo consiga, me haré con un buen micro y el programa informático que sea pertinente pero mientras tanto, voy a jugar a hacer radio por escrito y voy a aprovechar la cuarentena para hacerlo. Un blogcast.

[A partir de aquí, lean como si estuviesen escuchando…]

Bienvenidos, bienvenidas al programa inaugural de Cienfiebres… arrancamos con The Times…

“The theme from Danger man”, segundo corte de un doce pulgadas titulado “I helped Patrick McGoohan escape”, publicado en 1982 por la banda The Times, proyecto de Edward Ball, quien también fuese cofundador de los míticos Television Personalities.

Tanto el título de este tema como el del propio disco hacen referencia a una serie británica de los 60 llamada Danger man, protagonizada por John Drake, un agente secreto al que daba vida el actor irlandés Patrick McGoohan, serie a la que, cabe suponer, rendían culto Ball y compañía.

Ahora vosotros os preguntaréis por qué este tema para inaugurar este programa… la respuesta es una auténtica bobada: cuando hace un tiempo pensé que quería volver a hacer algo parecido a un programa de radio, decidí que el tema o sintonía del mismo fuese este “The theme from Danger man”. Sin más. No lo será, porque este Cienfiebres Blogcast no va a tener una sintonía fija y porque, joder, no es un programa de radio…

Dadas las explicaciones, seguimos. Y seguimos con otra de los Times. El tema inaugural que he pinchado anteriormente no es mi favorito de ellos, ni siquiera de ese disco. Sí lo es la canción de The Times que suena ahora: Manchester.

Una de las odas más maravillosas que conozco dedicadas a una ciudad. A sus gentes, guapas y feas, a su música, a sus bares, a sus suburbios, a su cotidianidad, a su grisácea existencia. “Manchester” abre el LP “E for Edward”, publicado en 1989 en el mejor sello musical de la historia, Creation Records.

Cuando descubrí este tema me voló la cabeza y desde entonces, siempre que he tenido la oportunidad de pinchar música para otros, he intentado hacerlo sonar. He de agradecer a Carlos dicho hallazgo y agradecerle que pusiese en pie aquel templo que fue en Bilbao La Casa de Atrás, donde me hice con los dos discos que han protagonizado este experimento.

Y ya puestos, si hablamos de La Casa de Atrás, hagamos sonar esto…

Se trata de Toby Connor, alter ego de Robert Alexander, cantautor mancuniano, precisamente, residente en la bellísima localidad gerundense de Cadaqués, que un 11 de abril de 2015 nos enamoró con su guitarra y su sensibilidad en una sesión vermú celebrada en La Casa de Atrás. Espero que a vosotros y vosotras también os haya engatusado la preciosa “Puppets”grabada en un rincón del puerto de Bermeo por mis queridos Two Baskos.

Pero seguimos en este programa inaugural del blogcast (perdón por el nombre) Cienfiebres para acercarnos poco a poco al final. Mi, de momento, estructura para este espacio consiste en enlazar tres temas basados en la fiebre que se dé ese día y, por otro lado, acabar trasladando aquí mi chorrada de la Colección de Favoritas, la cual, a su vez, podré asociar a un momento o a una persona o a algo que me permita echar el cierre… Vamos allá…

Una favorita clásica. Uno de los grandes himnos de aquello que se dio en llamar Britpop. Esos violines ya inmemoriales, esa chulería de Aschroft en el vídeo. Un tema que sigue envejeciendo muy bien y que me lleva a rememorar una época bellísima de mi vida. Y me hace asociarlo, más que a momentos, a personas. Y entre ellas, me lo deja a huevo por las circunstancias que estamos viviendo últimamente; me lo deja a huevo, de hecho, para enlazar con un segundo o tercer programa del Blogcast Cienfiebres. Este “Bittersweet simphony” me trae a la mente el rostro de mi amigo Jon. No miento. Casualidades de la vida. Él y el resto de mi gente lo entienden.

Por tanto, acabaré con otro tema que indefectiblemente asocio a esta persona. Favorita de él, favorita mía y un tema precioso (también cabría en ese cajón desastre del britpop) para despedir este primer programa… salgan volando y espero que este estreno del Blogcast Cienfiebres les haya gustado.

LA FIEBRE. Hipocondría.

Yo, de joven, no recuerdo tener miedo a la enfermedad. Sí recuerdo muchos miedos, siempre he sido miedoso, pero no a enfermar. Creo que la hipocondría se acelera o se desarrolla con la edad.

Creo que mi primera relación con la palabra fue a través de un foro dedicado a la escena mod. Luego ya llegó la mancha en una uña del dedo gordo del pie, el hormigueo en la pierna izquierda, los pinchazos en el pecho, la sensación de un bultito en el cuello… y todo con una mujer médico que, a veces, lógico, pobre, tiene que compartir las desgracias que ve en el curro en casa.

Tiene que ser una putada ser médico e hipocondríaco. Es una putada ser hipocondríaco y que tu pareja sea médico.

Afección caracterizada por una gran sensibilidad del sistema nervioso con tristeza habitual y preocupación constante y angustiosa por la salud. La RAE define la hipocondría así. No sé. No me definiría como una persona triste o no tengo claro que mi sistema nervioso lo sea. Tampoco sé si diría que mi preocupación o angustia por la salud es constante. Pero sí tengo claro que a veces sufro, me preocupo o me angustio al respecto. Y a veces, la mayoría de ellas, sin motivo.

Porque sí, porque he llegado a ir al médico, he obtenido su científica respuesta diciéndome que no me pasa nada y, como por arte de magia, el síntoma ha desaparecido. Oh, hermanas y hermanos, creo que soy de los vuestros.

Podéis imaginar, pues, qué maravillosos días estamos pasando con LA FIEBRE. Aunque admitiré, eso sí, que quizá menos de lo que a priori pudiese imaginar. Claro que he notado el cuerpo como larri, que incluso he percibido como que respiro peor o que parece como que toso más, pero no sé, me esperaba un auténtico sin vivir. Quizá sea, como dijo mi amigo Diego, que cuando es algo así, tan global, tan colectivo, tan generalizado, con tanta gente afectada pues como que no es una sensación tan única, tan propia y en ese malestar comunitario como que se sobrelleva mejor. También creo que influye el no sobreinformarse, el evitar los enlaces en los que se detallan los síntomas y el no preguntar en exceso a Ana quien, a su vez, a sabiendas de esta característica mía, pues también evita comentar cosas.

En fin, que este es uno de los trastornos que más colateralmente aparecen estos días y como sé que no soy el único, pues he querido compartirlo aquí para que las personas que lo lean y se sientan identificadas sepan que no están solas y que, al fin y al cabo, mal de muchos consuelo de tontos, pero consuelo al fin y al cabo.

Y antes de darle a guardar, buscar la foto y subirla y demás… ¡¡Jon, eres un jabato y ya lo tienes chupao!! ¡¡Aúpa Rosa, qué bueno que ya estés en casa!! Y a mi chica, Ana, y todas sus compañeras y compañeros del hospital y de todos los hospitales, que sabéis que prefiero no veros ni en pintura en una relación profesional-paciente pero que ¡¡SOIS LA HOSTIA!!

Barakaldo, 1 de abril de 2020.

LA FIEBRE. El miedo al virus y al Ratoncito Pérez.

Mi primogénito es de los pocos niños que conozco a los que le aterra el Ratoncito Pérez. De hecho, creo que es el único. Le asusta que un roedor entre en su habitación y se meta entre sus sábanas para dejarle un regalo bajo la almohada. Visto así, su miedo tiene cierta lógica.

Por ahora, sólo se le han caído dos dientes. En ambos ha sido dramático. Pobre. Ha estado muy asustado y nervioso. Hace escasos días, poco antes de que se le cayese el segundo, ante los mensajes que tanto su madre como yo le lanzábamos para tratar de tranquilizarlo, el crío nos pidió que dejásemos de hablar del diente. Nos lo pedía porque, de esa forma, si no se mencionaba, no se acordaba de él y, por lo tanto, es como si no existiese y, en definitiva, el miedo se atenuaba.

Yo soy muy infantil. Creo que siempre lo he sido. De hecho, me suelo jactar de ello. Me parece bonito, no sé, frente a quienes suelen asociarlo a algo negativo. Yo soy muy infantil y miedoso. Estos días tanto mi infantilismo como mi miedo afloran a base de bien. Entiendo que también tiene cierta lógica. Como mi hijo, yo también, por momentos, trato de evitar mencionar al bicho; intento no abrir determinados enlaces, no poner la radio a las mañanas o el telediario a las noches. Porque tengo miedo, porque estoy cagado. Y sino lo hago presente lo atenuo un poco. Soy plenamente consciente de que es absurdo este comportamiento y puede que hasta contraproducente, pero, no sé, me sale gestionarlo así.

Estamos cagados. Creo que el miedo entre el resto de la gente se percibe y la gestión del mismo aflora de otros modos. Una forma muy evidente y que se está poniendo de manifiesto estas jornadas es la de buscar culpables. Ante la incapacidad de asumir la incertidumbre que toda esta situación genera, muchos optan por buscar un chivo expiatorio. En las antiguas pandemias, en la Peste Negra del siglo XIV, por ejemplo, creo recordar que se culpó a los judíos. Se les culpó y se les persiguió. Ahora nuestros judíos (supongo que con razón) son nuestros dirigentes. Pero también – y esto me preocupa un poco más – hay gente que se está convirtiendo en chivata, en delatora, en inquisidores desde el balcón o la ventana. Es la forma, en definitiva, que tienen otros de tratar de mitigar el miedo. Porque estamos cagados.

Esa expresión, la de que estamos cagados, la ha empleado un tal Carlos Barea (primero se lo atribuyeron al actor bilbaíno Ramón Barea pero él mismo salió a desmentirlo) en las redes sociales en una reflexión que, personalmente, me ha parecido de lo mejor que he leído en estos días. Venía a hacer hincapié en que esta vez nos ha tocado a nosotros, norte del mundo, no gays, no drogatas, no no sé qué… y que no estamos muy preparados para hacer frente a una situación así. Lo he ultraresumido pero os recomiendo que lo busquéis y lo leáis si no lo habéis hecho ya. Supongo que no costará mucho encontrarlo.

Volviendo al miedo (si es que alguna vez lo hemos abandonado) y por ir acabando, vuelvo a admitir que, en mi caso, por mucho que quiera jugar al escondite con él va a ser inevitable que me atrape, máxime en días como estos últimos en los que, desgraciadamente, el puto virus ha vuelto a golpear cerca. Ya está, lo asumo, ven a mí, miedo, no puedo evitarte.

Dicho lo cual, no quiero terminar sin mandar todas las fuerzas del mundo a mi amigo Jon. ¡Vamos, Jonny! Y mandar un guiño a Jorge y decirle gracias y que sí, que lo he escrito a mano, en papel pero a boli.

PD: acabo de decidir que, mientras dure este serial (espero que sea poco si eso significa que esta puta mierda pasa pronto), todos los artículos irán dedicados.

Barakaldo, 26 de marzo de 2020.

* Imagen vía Paredes que Hablan

LA FIEBRE. Introducción.

Ha ido todo demasiado deprisa. Demasiado rápido. Va todo demasiado rápido. Sigue yendo. Y no me da. O no quiero. O no puedo. Y mira que veo claro que quiero escribir sobre esta pesadilla del Coronavirus; a modo de desahogo, de pseudo-terapia o incluso, desde un punto más narcisista, a modo de crónica personal de unos días, de unos momentos que, desgraciadamente, quedarán marcados en la historia del mundo, de nuestro mundo. Pero no me da. Porque el avance del jodido bicho, desde todos los puntos de vista, me zarandea de un lado a otro y no me centro.

Pero, finalmente, he podido o he querido. Me ha dado.

Todo muy deprisa. Parece que fue ayer (y fue casi literalmente ayer) cuando salieron las primeras noticias de un virus que causaba estragos en no sé qué región de China. Luego aprendimos que dicha zona era Wuhan y que en ella iban a confinar a once millones de habitantes para tratar de frenar los contagios de un coronavirus al que luego afinaron la denominación como COVID-19. Y entonces, confieso, no me llevaba las manos a la cabeza especialmente, ni tampoco me empujaba a consumir excesivas noticias al respecto. Tampoco eran tan frecuentes o habituales en los medios más cercanos. Todo muy etnocentrista, lo sé. Sin embargo, poco después, el famoso virus desembarca en el Norte de Italia y la conversación al respecto empieza a hacerse más tentadora como temática de tertulia cafetera o en la espera a que el crío vuelva del colegio. Y sí que empezamos a decir un “joder” cuando se decreta el cierre de todos los colegios y universidades de Italia.

Y, finalmente, llega aquí. Valencia, Madrid, Vitoria, Haro… y más y más… pero aún lo tratábamos con un gesto de cierta sorna o de cierta displicencia, de cierta retranca, incluso, mezclado con un incipiente nerviosismo. Hace poco más de dos semanas, de hecho, aún acudí sin excesiva preocupación (aunque ya había runrún interno y externo) a Vitoria a una reunión de trabajo; y a los pocos días aún nos juntamos un buen puñado de amigos y amigas a celebrar las Favoritas. Y nos reíamos y hacíamos chistes al respecto. Y ésa fue la última fiesta.

Porque poco después, se cerraron los coles aquí también. Y aumentaron los casos, los fallecidos y, finalmente, se dictaminó el estado de alerta y el confinamiento en casa de casi toda la ciudadanía, además de otra serie de medidas y restricciones con las que tratar de contener la expansión del bicho. Y, desde entonces, en esta especie de película de ciencia ficción en la que somos los protagonistas, todo sigue igual o peor.

Y, como digo, hoy, por fin, me atrevo a sentarme frente al ordenador. Hoy, cuando se cumplen nueve días desde que estamos encerrados en casa. Hoy, tras nueve jornadas de memes, de bulos, de vida familiar, de partidas de cartas, de videollamadas, de angustias, de risas, de preocupación y, a veces también, de esperanza, me lanzo a actualizar el Cienfiebres con la puta fiebre. Porque ya es LA FIEBRE, la del año y puede que de la década. De los supuestos felices 20.

Me he atrevido. He querido. He podido. Me ha costado; entre tanto maremágnum de actividades en balcones, en redes, con los críos… y, sobre todo, con tanta alteración emocional, me ha costado. Porque sé que además de la rapidez a la que aludía al principio y de los otros factores que he mencionado, sé que lo que me ha bloquedo es el miedo. El miedo incluso a hablar de ello. A mencionarlo. Os lo explicaré otro día, pero supongo que quiero traerlo aquí a modo de ritual exorcista, a ver si sacándolo a colación le meto un buen viaje. De hecho, no es la primera vez que lo hago, pero ahora parece evidente sacarlo a colación o, de alguna manera, está totalmente justificado. Porque ahora se entremezcla con una tendencia hipocondríaca que, evidentemente, no ayuda a rebajarlo. Y se entremezcla con el trabajo de mi mujer en el hospital que, evidentemente, ídem de ídem. Y con una agotadora sobreinformación y con datos y con rostros y, desgraciadamente, con nombres y apellidos…

En fin, que me he atrevido y aquí estoy. Y hasta aquí por hoy. Volveré porque creo que me puede ayudar a, entre otras cosas, ordenar mis pensamientos. Éstos que me cansan tanto estos días y a los que, quizá, dándoles estructura y pasándolos al folio en blanco y compartiéndolos con quien quiera leerlos me puede venir bien. Supongo que irán saliendo a partir de algunas rumiadas que he tenido y de otras muchas que, a buen seguro, surgirán en fechas venideras, cual vomitonas incontrolables.

No puedo terminar esta primera entrada sobre LA FIEBRE sin mencionar a Rosa y a Jorge y a Elena y Pablo. No puedo olvidarme hoy de ellos. Y sé que esto es insignificante y ni siquiera les voy a mandar el enlace para que lo lean, pero necesitaba hacerlo. Yo necesitaba hacerlo. Para mí era importante acabar así. Todas las fuerzas del mundo para ellos y sus familias y amigos.

Y tampoco puedo ni quiero terminar sin un mensaje positivo, aunque sea reiterativo o incluso suene casi institucional: VAMOS A SALIR DE ÉSTA (aunque parece que ahora tampoco debemos conformarnos con un lema así)

Barakaldo, 23 de marzo de 2020.

Los Coleccionistas (de Favoritas) del 7 de marzo

Elenco de coleccionistas de favoritas para el sábado 7 de marzo en el Panorama, chavalada:

JAVIER IKAZ

Nostálgico pero progresista. Progresista y progresivo, aunque ha prometido que en su turno de favoritas no sonará ningún tema que supere los doce minutos. Sí pinchará, en cambio, muchas canciones que atestiguarán su obsesión por el Dry Martini y las españoladas.

¿Que qué creo que puede compartir? Algo así, sin duda.

ENEKO GLEZ.

Fue relator especial de la ONU en el conflicto Blur – Oasis y camarero de El Tubo. Ha demostrado su capacidad a los platos en multitud de restaurantes y también cuando justificaba su selección musical señalando a un enfervorecido público que bailaba en un local de diez metros cuadrados.

Arriesgo mucho si preveo que suene algo allende la Pérfida Albión, pero hemos venido a jugar: apuesto por algo así:

LUCCE

El Bruce Wayne de DJ PAPAS, super héroe nocturno y crápula, de efímera existencia que dicen debutó y murió en la misma noche mirandesa. Lo que más le gusta es montar saraos pero delegar en otros y hablar de sí mismo en tercera persona.

Lleva 1033 favoritas compartidas en el Facebook, por lo que vaya usted a saber qué puede sonar… pero, va, puestos a decir una tonadilla que seguro resonará en el Panorama, diríamos esta:

Recuerden: